miércoles, 27 de diciembre de 2006

Nunca escribí así. Primero lo pasaba por el word, el corrector y la mar en coche.
Hoy escribo como si fuera un diario, como si vos, queridísima Chiru me empujaras porque, no hace tiempo para conocer a las personas, porque las que somos del tablón nos conocemos desde siempre y si éso tiene que ver con el tiempo, que el tiempo se recontracague en el mismo.
Siento que pocas, muy pocas cosas tienen sentido. Siento que extraño a mi viejo y no hay forma de traerlo de vuelta. Siento que las fiestas esetán bién para casi todos, pero para mi son un dolor que no comprendo, que no recuerdo. Nunca fui feliz ni en Navidad ni en Año Nuevo. Tampoco mi cumpleaños ha sido para mí una alegría.
Si lo pudiera explicar con palabras diría: siempre me sentí de más.
Cuando estaba rodeadada de gente que me quería. Sentía que me querían. Sabía que me querían, yo quería estar en otro lado. Nunca pude descubrir en que lado. Nunca lo encontré.
Estar de más era lo mío. Alejarme en algún momento antes del brindis y preguntarme, preguntar, qué carajo hacía en ése lugar.
No soy una persona desagradecida, a veces me pregunto si soy una persona.
Quiero a mi hija, la quiero porque está pero, si no hubiera tenido una hija no extrañaría nada. No soy ése tipo de mujeres que llevan la maternidad como una bendición. No me sentiría menos mujer por no tener hijos. No sé... ya les dije, estoy escribiendo como si me confesara y, tampoco creo en las confesiones. En los Ave María y los Padre Nuestro...
Escribo porque si algo nunca me abandonó son las palabras, las letras. Tal vez no tenga sentido lo que escribo, pero esta madrugada en la que me siento tan sola, tan perdida, tan de más, quería reafirmar esa sensación que no me abandona.
Aparecen amores y me creo única y siempre, siempre, siempre, me equivoqué.
Escribo como si nadie pudiera leer lo que escribo. Pero esta vez me leerán. Harta de llenar cuadernos de tapa dura que seguramente quemarán conmigo cuando muera.
Harta de mis miserias, de mis errores.
De apostar, de saber que el amor existe. Pero no para mi. No para mi.
Cuando me quieren. No quiero.
Cuando quiero no me quieren.
Cincuenta años con la mente de una de veinticinco. No sirve. No sirvo.
Ojalá pudiera decir dejo de buscar.
Abandono mi sueño.
Pero, a pesar de sentirme de más. A pesar de mi melancolía, de mi tristeza. Algo, no me pregunten qué, algo me empuja para adelante.
Pero tengo miedo.
No se dió lo que esperaba y, ya no tengo ganas de esperar. No tengo que luchar, no tengo que pelear por la persona que amo y, si debiera o debiese hacerlo a mi edad, les pido que me internen .
Quiero empezar el nuevo año sin deudas, sin mentiras y sin más boludeces.
De frente y de perfil. De atrás y de adelante yo, soy lo que soy.
No miento cuando hablo de mí.
Soy. A pesar de querer ser mejor, no me sale.
Si alguien me conoce, lo sabe.
Quiero muchísimo a la gente que me quiere y, también sé querer al que me hizo mierda, seguramentente algo me ha dado para que lo quiera, pero bueno, esto es una confesión de conventillera. Como si las conventilleras no pudieran querer y gritar su dolor.
Sí. Soy conventillera ¿Y qué?
Ojalá siguieran exisitiendo aquellos queridos conventillos y no ésta mierda en donde cada uno vive tan alejado del otro, que necesita confesarse en una pantalla.

Gracias, Chirusa. Alma de tablón. Código (porque vos sí tenés códigos) de conventillo.

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