martes, 28 de noviembre de 2006

Cartas sin destino

No. No me voy.
Sucede que la bomba estalló dentro de mí.
Sucede que algunas cosas se van acomodando. Como estoy acomodando viejos archivos. Cartas de amor que nunca envié a sus destinatarios y ahora me encuentran para compartirlas con Uds.
Palabras escritas, pero nunca entregadas.
Palabras, sólo palabras.


Buenos Aires, algún día de mi pasado.


Ahora sí. Ahora puedo escribirte.
Una voz desconocida dijo no tener idea de tu nuevo número. Esa voz me contó que hace seis meses abandonaste todo. Te fuiste sin decir donde. Hace apenas unos minutos se abrió el camino que te conduce a mis recuerdos.
Alguna vez te dije que para extrañar era necesario estar lejos y como estabas cerca no podía hacerlo. Te enojabas entonces y, es una pena, que no te haya amado.
Ahora puedo evocarte. En algún rincón del pasado, si es que el pasado tiene rincones eternos, seguimos juntos. Parando un taxi sobre Rivadavia; haciendo tiempo en alguna librería de Corrientes esperando el comienzo de la película elegida o arrodillados frente a frente sobre una cama, aletargando el deseo, comiéndonos con la mirada, relamiendo las ganas hasta entregarnos otra vez al ritmo, al grito, al jadeo.
Queríamos huir del después.
“Siempre es ahora” era nuestra ¿absurda? consigna.
Fuimos “siempre” por seis meses. Curiosa similitud con éstos otros seis meses, igual cantidad de tiempo, pero distinta calidad, acotarías.
Sabíamos que era imposible huir de los relojes, pero aferrarme a utopías era mi forma de no aislarme en vos.
Decirte adiós no fue fácil. Sólo necesario.
No te amé.
Te quise y esa sutil diferencia hizo que llamara esta tarde. Quería saber de vos. Deberé conformarme con los recuerdos. Con la esperanza de imaginarte bien y que tu mirada no cambie. Fuiste bueno, un hombre bueno entre tanta maldad.
Venís a mí como la primera vez.
Venís sonriendo.
Así te guardo, así.

lunes, 27 de noviembre de 2006

Me voy.

No llega. No llego. Intento una sonrisa. Camino sin rumbo. Estoy rota.
No llego. No llega. Las lágrimas no quieren dejarme. No encuentro refugio.
¿Había necesidad de partirme en dos?
Ni las palabras me liberan.
Toda la vida esperándolo. Saber que existe. Que existe en mí. Que era mejor en mí. Conocer su cara, sus gestos, su mirada, su risa. Y no conocer nada.
Mejor me voy.
Andaré visitándolos, pero necesito alejarme por un tiempo.
Tomar distancia.
Cuando llegue el olvido, espero regresar. Todavía no llega. No llego.
Gracias a todos por su cariño.

jueves, 23 de noviembre de 2006

La piba.

La piba sentada en el cordón de la vereda con las rodillas sucias y las medias caídas, sabe que el pibe no pasa pateando su tristeza porque, tal vez, es feliz. Y no sabía vestirse de amargura por la felicidad del otro.
Sabe que en algún lugar, tal vez en otra esquina, alguien la espera; pero no tiene ganas de ir.
No todavía.
Primero tiene que llorar.
Se levantó y pateó la lata, ésta vez, ella pateó la lata y se fue con la cabeza baja a juntarse con sus amigas que la recibieron sin preguntar, con un abrazo.

martes, 21 de noviembre de 2006

Pago y me voy.

¿Cuándo comprenderás?
No te necesito.
Si algo tuvimos, fue porque creí.
Sin mí no hubieras sido ni recuerdo.
No importa que te lleves lo soñado.
Si vive en cada rincón de mi casa
Y tu sombra invade madrugadas.
Te dejo las palabras.
Las dejo en tu conciencia.
“No me lastimes” fue lo primero que pedí.
Ni eso cumpliste.
Seguí engañando, engañándote.
No supe amar como aman los perros.
Amor incondicional, pedís
Y ni siquiera conocí tus sábanas
Fui una imbécil.
Buscabas una víctima
y allí estaba,
tan sola, tan triste
¿Cómo no ibas a enamorarte?

jueves, 16 de noviembre de 2006

Mi cansancio

No acierto a tu sonrisa. La víctima muda el disfraz, algo sin nombre se acerca.
No me ha sido presentado tu cansancio, no tuve la delicadeza de conocer tu hastío, sin embargo, cómo buscás el mío; con que elocuencia fingís realidades para encerrar mentiras.
Sin embargo, parecés seguro. Todas las sospechas llevan mi nombre y debo pedir permiso a todas las que he sido para seguir.
Cuando hacés algo que me conmueve hasta dejarme parada en el medio de la calle, lamentando no saber bailar, para enseñarle al mundo mi alegría, cambiás al otro día, sin aviso ni pronóstico que pueda ampararme y te alejás en un absurdo.
Tengo miedo a estallar, a veces me siento como una bomba de tiempo, después vuelve tu mirada y todo parece estar en su lugar, pero no.
Algo sin nombre se acerca. Eso que conozco, que no sé ocultar.

lunes, 13 de noviembre de 2006

Compañera

Olga Orozco me acompaña. Llevo sus palabras dentro del libro y es como caminar junto a una amiga. La soledad no puede rozarnos mientras tengamos libros que nos esperan para viajar con ellos. Hoy subimos juntas al vagón del subte. Hoy se sentó conmigo y, casi con mi voz, me dijo:


"Era alguien con quien intercambiábamos palabras como talismanes, nombres capaces de fundar infiernos y paraísos, frases vertiginosas arrancadas del fondo de fiebres y de abismos, alguien con quien a veces nos internamos en la eternidad y cuya sola sombra yo no podía rozar sin un estremecimiento. Después vi copiadas las mismas frases, aun las mías, intensas, tiernas, desesperadas, en cartas enviadas a otras mujeres, y sus cartas se vaciaron, fueron para mí como las de Anonalino: nadie había escrito nada. Babas."


Al bajar, en Estación Belgrano, cerré el libro, ella seguía a mi lado. Casi pude sentir su mano sobre mi hombro y sus ojos verdes iluminaron mi mirada. No, no había lágrimas, una extraña alianza; la convicción de sentir que compartimos algo más que palabras.

viernes, 3 de noviembre de 2006

Dibujos

En los labios pinta lunas.
Busca palabras para crecer.
Descubre claves rojas.
Funda libertades,
encadena temores,
y ríe con la simpleza del pan.
En las miradas, pinta soles.
desconfiada por instinto
ilumina al confiar.
Regala sueños
Abandona traiciones
En algún laberinto, su cuerpo
entrega un sabor que perdura
Sabiamente ignorante,
partidaria de inteligencias ajenas,
anda suelta por la vida.
Dibuja olvidos
para pintar memorias.