lunes, 24 de octubre de 2005

CATARSIS o PURIFICACIÓN DE LOS SENTIMIENTOS

Podrida. Enteramente PODRIDA.

El hedor me sale por los ojos, por las orejas, por el coxis.

Podrida de los ex y de los pro.

Podrida de respuestas que reventaron dentro, formando carroña que invade mis venas, mi bilis, mi lengua de mejormecallo y mañanaselodigo.

De justificar. De vivir justificando actitudes ajenas.

Plenamente podrida de las caras de bacalao, de las de perro en celo.

Podrida de horarios y horóscopos; de hisopos y lipotimia.

TAN PODRIDA pero, TAN PODRIDA de los colectivos; los colegiados; los coleccionistas de votos vetados por la inteligencia.

Podrida de los espejos, los espejismos; las esperanzas y las esperas. De las manzanas, de las veredas rotas; de los retos y los rezos.

De los "duros" con cerebro de durazno y neuronas de carozo.

Podrida de los que me pisan, de los que me pasan; de los que me pesan con esa pesadez de no ser más que mercurio con arterias.

Podrida de las prohibiciones, las discriminaciones; las contabilidades contabilizadas para los unos. De ministros mimetizados en mímicas minadas para los otros.

Si la putrefacción le quita el sueño. lo invito a expandir aromas, descomposturas, blasfemias y escupir a los perfumados de soberbia, de opulencia, de oportunismo.

Escupirlos. Derribarlos a escupitajos. Inmovilizarlos con baba pestífera. Ahogarlos en su única reforma: LA PESTILENCIA.

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