viernes, 28 de marzo de 2008

Laura Canoura

Los amores nos marcan. Para bien o para mal. Nos marcan. Algunos pueden olvidar, otros preferimos el uso constante de la memoria para no retroceder, para dejar lo que fue maravilloso en el estante de las maravillas y separar lo que nos lastimó, lo que nos enfermó. Dicen que el amor no tiene límites, yo creo que sí, que el límite es la salud. Un amor que enferma, no es amor, aunque mariposas y colibríes nos prometan que ése amor será eterno. (Todos sabemos que las mariposas y los colibríes no prometen un catzo. El que no lo sepa, que se avive ahora).

Hablando de marcas quiero que escuchen el tema que escribió Laura Canoura, se llama "Una marca en la culata de tu rifle". Laura es una gran cantante uruguaya. Una gran mujer y una amiga de ésas que hacen que esto de andar dando vueltas por los Blogs me ayude crecer y sobre todo a creer que pese a todo, los buenos en el buen sentido de la palabra bueno, somos mayoría. (Sí, me cuento entre los buenos… ¿Y qué?)

Besos y canciones.



PD: agradezco la colaboración de Ginger sin la cual mi blog estaría condenado a ser un blog sin videos y SÍ, también está del lado de los buenos.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Buen día, las tarlipes!!!

Me levanto con un humor que reíte de los Barras Bravas de Nueva Chicago perdiendo con Chacarita. No soy ese tipo de personas que se levantan con una sonrisa y cantan “Hoy puede ser un gran día”. No. Me levanto con la certeza que será un día de mierda y mientras escucho al putazo (desde el amor) de Peña en la radio, lo confirmo. No hablo del día de hoy. Hablo de todos los días. No me gusta levantarme temprano. No disfruto con el canto de los pajaritos ni el sol asomando sobre los edificios. Desayuno lo que encuentro y si no encuentro nada, no desayuno. Me zambullo en el baño, me ducho, me encremo, me pinto, me visto y salgo. El ascensor debiera estar ni bien lo llamo. Me pone de un humor peor que tarde y si viene con cuatro personas que me miran sonriendo y me dicen: “Buenos días, está completo pero ya te lo mandamos!” ¡Peor!. ¿De qué carajo se ríen? ¿Para qué mierda me dicen buenos días si no tienen la más puta idea de como será el día??? No me hablen de lo políticamente correcto y la educación y toda esa pila de pelotudeces. No. Hasta que no me compruebe lo contrario el día tiene probabilidades altísimas de ser un día de mierda. Llegar al subte y que la voz de la locutora pedorra pida perdón por las molestias ocasionadas es motivo suficiente para que me vea obligada a reprimir mis instintos, porque tengo ganas de gritar, micrófono en mano: ¡perdón las pelotas!!! ¡Me levanto una hora antes para poder viajar mejor y resulta que no se puede viajar porque hay problemas sindicales, problemas renales, problemas con las formaciones, problemas con el campo, problemas solidarios. Problemas por no tener problemas! Si se les canta a los señores manejadores de Subtes, el Subte llega, llego a la oficina y escribo lo que están leyendo. Al primero que me diga ¡buenos días!, lo emboco.

lunes, 17 de marzo de 2008

Estuve

Estuvo mi sombra vencida en la suya.
La espera incompleta,
las velas prendidas, la risa sincera.
Estuvo mi perro jugando en sus manos;
el jazmín con sus ritos;
las despedidas desde el balcón;
mis horas negando relojes.
Estuvo la paciencia vestida de fiesta,
mi cama abierta a su piel,
nuestros cuerpos pariendo milagros.
Estuvo el abrazo, mi sueño en su hombro,
la música en sus ojos.
Estuvo la esquina, el empedrado, la sorpresa.
Estuvo más, siempre más negando razones.
Coleccionista de llaves.
Amor simulacro de Amor.
Ya no está ni mi perro ni el jazmín.
Ya no están ritos ni claves.
No estará lo que estuvo.
Ya no está el amor.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Jorge Guinzburg

Corría el año 1997. Un tres de marzo para ser exacta. La mañana amaneció con un nuevo programa radial. Se llamaba “El Ventilador” y pasó a ser EL programa de las mañanas. Lo conducían Adolfo Castelo, Carlos Ulanovsky y Jorge Guinzburg; Gabriela Rádiche era la locutora. Fue un programa extraño porque allí lo importante eran los mensajes que enviaban los oyentes. Ellos tiraban una consigna y la revolución (sin banderas) comenzaba. De alguna manera se adelantaron a esto que ahora hacemos en los Blogs. Dejar mensajes, botellas tiradas al mar y que otro las reciba en su casa para reír, para compartir opiniones, para abrazar al que lo necesita, para mandarlo al carajo también. Mensajes. Letras. Afecto.

Jorge Guinzburg fue el primero que leyó al aire algo que yo había escrito. Recuerdo que estaba sentada en la oficina y cuando escucho que Guibu leía mis palabras no lo podía creer. Menos pude creer cuando al terminar me llenó de elogios por lo bien que escribía. A partir de ése momento dejé de ser una oyente anónima y me vestí como Silvia (La Purificadora) que purificaba tanto como un petrolero encallado. Formé parte de los oyentes VIP del programa. Filmamos un video, publicamos un libro. Nos reuníamos a cenar, a despedir el año. En 1998, Guibu decidió no seguir y “El Ventilador” quedó en la historia radial y la nuestra personal.

Hoy me dicen que Guibu murió. Afección pulmonar que lo mantuvo parcialmente alejado de la televisión el año pasado. Murió Jorge Guinzburg y es un machetazo al humor. Un garrote sobre mis recuerdos. Una tristeza que comparto con Uds.

Ojalá que con Carlos Abrevaya y Adolfo Castelo preparen un nuevo programa estén donde estén. Que la risa perdure más allá de lápidas y coronas. Que la risa perdure.

No te voy a olvidar queridísimo Guibu. No te van a olvidar genial petiso calentón.

lunes, 10 de marzo de 2008

Sobre avisos y aburrimiento

Escribir otra cosa. Otro tema. ¿Cuál es el tema? Temo que el tema no exista después de hoy. ¿Temo? No. No temo, pasa que temo con tema me sedujo. Me dejo seducir por tan poco a veces. Hay un tema que por ser monotemático me aburrió. Cuando la palabra aburrimiento se instala en mi, no hay caso, me aburro. Me aburre todo lo relacionado al monotema. Aburrida no soy buena. En realidad ni siendo buena soy buena. Ya no. Ni disfrazados de mortaja harán que regrese la buena. La mandé de vacaciones a Plutón. Hay algo que me revienta, el que no crean cuando aviso. Yo avisé que otra iba a ocupar mi lugar. Acá está. Aburrida, sí. Buena, jamás. Puede que alguna vez extrañe a la buena. Los buenos nunca mueren dice un amigo. Las buenas, tampoco. Se van, eso sí. Se van lejos. Tan lejos que no hay regreso ni imposible ni posible. Posiblemente imposible. Otra seducción barata. Estoy de remate. Saldos. Sal dos. Dos, uno, fuego. Disparo palabras y alguna que otra traición. Disparo. En días como éstos no me dan los pies para correr.

jueves, 6 de marzo de 2008

Herida abierta.

No sé exorcizar esta forma de dolor. Si las palabras ayudaran, diría: tengo miedo.
Vivo por aburrimiento, respiro por venganza, el fracaso es mi aliado.
He sido derrotada tantas veces que aprendí a vivir con nuevos comienzos, no con finales pero esta pena me encuentra más vieja y cansada. El camino quedó sin señales y yo sin ganas de seguir.

SFW
13/04/99



Mirá vos, esto lo escribí el 13 de abril de 1999 y no puedo recordar exactamente el porque de tanto dolor. Quizá algo recuerde pero me muerdo el labio mientras revoleo los ojos para mirar el cielorraso de la oficina y preguntarle: ¿es ése?
El cielorraso, por esas cosas de no empastillarme ni fumar marihuana en horarios de trabajo, no responde. Entonces me quedo con esta sensación de no saber muy bien porque sufrí aquellos años; vuelvo a mirar la fecha y compruebo que mi vieja cumplía años ése día.
Mi vieja ya no está.
Ahora mis palabras tienen otro sentido, un verdadero dolor. No deberé acostumbrarme a él porque no sucederá una segunda vez. La muerte de mi madre no se repetirá, con lo cual la herida bien puede quedar abierta.

lunes, 3 de marzo de 2008

Sombras de alguna

Abandono los todavías en un cajón del escritorio. Los encierro bajo candado y tiro la clave por la ventana. No la vas a encontrar. No pensaré en recordarla. Bajo las persianas, ya no edificaré soles en cuartos vacíos.
Me visto de gris para borrar mis huellas de todos los adoquines que pisé cuando los colores me acompañaban; cuando estaba con vida la posibilidad y alguna esperanza me deseaba buenos días al salir de casa.
Clausuro la risa con un incendio de lágrimas. Quien me mire descubrirá sombras de alguna que alguna vez creyó encontrarte. Pensé que sin vos no iba a poder seguir pero sigo y lo real me parece tan estúpido como lo imposible.

lunes, 25 de febrero de 2008

Bendita lluvia...



Pudo haber sido girasol, trigo, alfalfa. Pudo disimular un llanto; mojar a un perro abandonado; provocar alegría sobre tierra reseca o terror entre caseríos inundados. Pudo borrar una huella; resbalar sobre una roca; empapar un toldo; ensuciar el patio.
Pudo encontrarnos juntos, humedecer mi cara, perderse en tus manos.
Como pudo ser tantas, quise que fuera mía. Quise no olvidarla.









miércoles, 20 de febrero de 2008

Fotos, soledades y palabras





Salí del mar, me refugié en el parador de La Serena, una caipiriña me esperaba sobre la mesa, me iba a zambullir en la relectura de “A sus plantas rendido un león” de Soriano, cuando los escuché, estaban sentados detrás de mi pero solo la escuchaba a ella, más o menos dijo lo que sigue:

“Vos viste como soy con mi soledad, la quiero para mí, no la comparto. Tenés razón cuando decís que no podemos saber que nos traerá el futuro pero yo sé bien que me trajo el pasado y apenas si tengo una circunstancial y delicada autoridad sobre el presente, por eso prefiero aceptar los retos de mi cabeza a dejarme llevar por los reclamos de mi cuerpo esperando que se pongan de acuerdo.
Estoy enviciada con mi soledad, decís mientras mirás el mar. Tengo el antídoto por si me envenena, quedate tranquilo; además vos debieras saber lo peligroso que es abrir la puerta y decirle: vamos a recibir otra soledad, otra orfandad…”

Llamaron al mozo, pagaron y se alejaron. No me detuve a mirarlos porque las palabras de ésa mujer rebotaban en mi cabeza, pedían a gritos que las escriba, busqué en mi bolso el cuaderno y como la lapicera que me regaló Chiru anda siempre conmigo no tuve que gritar para que me consigan una. Cuando levanté la vista ya los había perdido, una pena, porque tuve ganas de abrazarla y decirle que pasa lo mismo con mi soledad.

Las fotos son del parador, sobre La Mansa.



lunes, 28 de enero de 2008

Volver a Punta del Este





En algún lugar, por ahí arriba, voy a estar. Me voy. Me fui.



Mi amiga me abre las puertas de su casa. Tenemos mucho que contarnos. Hace un año nos despedimos y nos prometimos volver. Vuelvo.



Vuelvo al mar.








jueves, 24 de enero de 2008

Intento

Hoy tengo una tristeza desvergonzada, se burla de mis fervores de olvido. Me trae sonrisas de antes, me crucifica con caricias pasadas. Me cuesta resistir en estos días, perderme en la ciudad donde nadie me espera no tiene gracia. “Nadie te recuerda”. La amante de las dudas abolida por una certeza que gritan los carteles de la calle Corrientes. En la veredita de La Paz, en la publicidad de Los Inmortales: “Nadie te recuerda”. ¿Para qué querés que te recuerden? Pero mi tristeza desvergonzada no deja que aparezcan preguntas más o menos lúcidas. Es así, tira y tira del piolín de la nostalgia. No me sienta bien esta melancolía; por eso intento exorcizarla dejándola acá, atrapada en palabras. Quedate acá tristeza, no me sigas.
Andate lejos, cuidame de vos.

lunes, 21 de enero de 2008

315

Trescientos quince escalones. Cada escalón me elevaba.
Trescientas quince despedidas. Repetí “nunca más” trescientas quince veces.
Trescientos quince ó trescientas quince sin importar época, género, dolor o alegría.
Llegar con aire y sin rencores. Llegar más despacio, pero llegar igual.
Él me esperaba en la reposera, ajeno a mis estúpidos juegos.
Lo bueno que tiene es que no pregunta porque sonrío.

martes, 15 de enero de 2008

Como quisieras...

Viajero incansable de bondades. Constructor de mi credibilidad. Señor de mis mañanas. Me desnudo de palabras, ensayo un alfabeto de caricias que solo Ud. comprenderá; idioma oculto entre los idiomas, casi secreto, casi verdadero amor.
Cómplices en cada encuentro, locos de Buenos Aires sin hospicio que nos enjaule; hacedores de posibles, responsables del incendio por mirarnos.

Sé como quisieras tenerme.

martes, 8 de enero de 2008

Razones

No tenía razones para despreciarlos. Me solidarizaba con sus realidades, alguna vez los ayudé y estaba pensando entregarles una pila de ropa usada pero en buenas condiciones cuando decidiera armarme de ganas para arreglar el placard.
Ayer, por la noche, las razones me dieron un cachetazo: asaltaron a mi hija a cuatro cuadras de mi casa. Cartoneros. Le robaron el celular y algo de dinero. La amenazaron con un cuchillo, le lastimaron el hombro. Ella está bien. Con mucha bronca pero bien. No es mi caso. Todos los miedos se hicieron presentes en mi. Todos. Un segundo puede destrozarnos y nadie vio nada; nadie sabe nada.
Mientras estaba lavando los platos, a cuatro cuadras, asaltaban a mi hija. Ninguna señal de alerta interna. Ninguna sospecha.
Y los cartoneros hoy pasarán por la puerta de mi casa. Como si nada. Después de haber robado a otra persona, quizá. Y mi pregunta es la pregunta de mucho más que dos: ¿Hasta cuándo?

miércoles, 2 de enero de 2008

Las sandalias mágicas.

El 31 de diciembre quedará en mi historia personal como la noche que resistimos a morir deshidratados mi amiga Alex, su familia y yo. El clima era insufrible porque, sospecho, la sensación térmica marcaba cuarenta grados. Nada nos importaba porque estábamos juntos y entre otras cosas, intentábamos liberar a la muñeca que ligó Zoe (la hijita de mi amiga) porque MamaNuel existe para ella. Claro que esta MamaNuel no se fijó que la muñeca estaba embalada por oblicuos que como cuentan con su famosa paz oriental se olvidan que los occidentales carecemos de ella. En realidad, yo carezco de ella. Por eso, cuando Alex observó que estaba a punto de revolear la muñeca por el balcón, vino rápida con una tijera y después de un lapso más o menos digno, la muñeca salió de su caja para felicidad de Zoe y tranquilidad de la que escribe. Después vino sacar el papel que cubría un brillito para labios, eso me costó una uña y algo así como un rosario de puteadas. Creo que fue la madre de Alex quien se llevó el premio por sacar el protector y ahí sí: muñeca, brillito, cartera y cepillo estaban en manos de Zoe para ser desintegrados en el correr del 2008.
G. (marido de Alex) musicalizó el momento y nos sentamos alegremente a cenar. Cuando todos estábamos alrededor de la mesa, con la brisa del ventilador (que permitía que la vida tuviera un sentido), la comida y los brebajes, chusmeando y masticando en honor del año que nos abandonaba: la oscuridad. Escuché un grito. “¡No nos pueden hacer esto en Año nuevo!”. Pudieron.
La luz dejó de iluminar. El ventilador dejó de funcionar. La puteada fue mía.
Digan que mi amiga encontró velas, imagino si este corte hubiera ocurrido en mi casa, las estaría buscando todavía. Y así, con velas y una temperatura de doscientos grados nos largamos a la aventura de despedir el 2007. Nada ni nadie, (ni Edenor) nos iba a sacar la alegría. Imaginamos estar en un sauna. Alex rescató un abanico, se recogió el cabello y reíte de la Maja Vestida. A esta altura, G, madre de Alex y yo nos abanicábamos con revistas varias, anque con la guía telefónica. La única que no perdía la actitud positiva era Zoe. Decidimos salir al balcón para comprobar que hacía más calor fuera. La madre de mi amiga decidió enfrentar el problema de una forma acorde a la situación que estábamos padeciendo: se puso a rezar con Zoe en la falda. “Dale, ustedes que tienen línea directa hablen con el barbudo”, les imploraba yo, al borde de la deshidratación total pero convencida que como todo en la vida se reduce a eliminar toxinas, esto que nos sucedía era algo así como una bendición porque no engordaríamos un gramo. Así, que nos fimos a comer la mousse de chocolate sin culpa. Una frutilla del postre cayó sobre el regazo de Alex y solo atinó a decir: “la que faltaba la frutilla en el pantalón”. Y sí, cuando algo puede empeorar, empeora. Pero, repito, ni Edenor, ni el calor, ni la deshidratación pudieron con nosotros. Al rato, y al borde de alucinaciones, nos sentamos en los sillones del living. Tuvimos que apagar algunas velas porque las que estaban encendidas eran las únicas, así que comenzamos a racionar. Mientras tanto descorchábamos champagne porque si la oscuridad seguía, nos iba a encontrar el amanecer mamados pero nunca sometidos.
Alex, mira sus sandalias. Las sandalias la miran a Alex. “Me las saqué antes que cortaran la luz” dijo. Le exigimos que se vuelva a calzar, porque ya que el realismo mágico nació cerca por ahí nos rozaba esta noche.
A los cinco minutos la luz regresó. De más está decir que no se las volvió a sacar en toda la noche y pudimos brindar mandando el 2007 al reverendísimo carajo entre risas y aplausos.

Estamos pensando, seriamente, en comunicar el milagro al Vaticano.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Te vas.

Estaba escrita tu partida, también las ausencias que inauguraste; me cuesta reconocerlo pero, todo está escrito en algún libro que no podemos descifrar. Aunque lo tuyo ha sido más claro, más evidente. Tenías hora y mes reservado con anticipación; no creo que alguien se descubra estafado cuando no te encuentre; sin embargo, me dejaste un sabor amargo, un anunciado sabor amargo. Supe que algo ocultabas, algo tuyo iba a herirme. No me equivoqué. Me dejas más sola, se va con vos una metáfora de la caricia y la otra parte del amor incondicional que me quedaba y no siempre supe retribuir. De golpe me adelantás en la lista y, claro: tengo miedo, pero así son las reglas, espero que de tanto simular valentía logre ser valiente.
Te vas y algo que se parece al amor insiste aunque te vayas, aunque no quiera detenerte y sea imposible tu regreso.
Esta despedida es una más, ni la mejor ni la peor. Una más que formará una lista, olvidable por cierto y por necesidad. Te vas. Tu paso marcó mi vida, apagó otras y tantas otras nacieron. Un año más que despido con mi única certeza: todavía amanezco en todavías. Chau 2007.

2008: no puedo dejar de ir, ni quiero. No me lastimes.

martes, 18 de diciembre de 2007

Buenas Navidades

Ginger (yo también te quiero, buajjjjjjjjjjajaj) ha logrado colgar este video que resume mi espíritu navideño, si hay alguna publicidad, sepan disculpar.

Buenas fiestas para todos.

Sí, Juana Molina es una ídola.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Dos pájaros...

Voy a empezar mi cumpleaños de una manera diferente, espero que mis Diosas me acompañen y no llueva, carajomierda…

Besos y sueños.



Nota: Mañana es mi cumple, pero espero que el Recital dure hasta las doce (o más) y ahí sí; ahí comienza mi cumple de manera diferente.

Besos y aclaraciones

jueves, 6 de diciembre de 2007

Reiterativa

El que no escribiré, mi último poema, no mostrará fracasos; triunfará el engaño. No sabrá de búsquedas o encuentros; huecos y vacíos. El margen cayó aburrido de cursivas. No revive el nosotros en mi último poema, el que no escribiré.
Sigue la piba sentada en el cordón de la vereda, sigue esperando lo que no pasa porque ya pasó. Se hace tarde, se hizo tarde toda ella, tan noche ahora. No vale llorar, ni dibujar otra rayuela. Perdió su cielo, perdió ése cielo. ¿Qué me importa? ¿Qué me importa? La piba no se mueve, así como no escribo mi último poema, ella no se mueve. Tampoco me mira. Estamos jodidas le digo pero no escucha. Parece sorda. Es sorda. Por eso sigue. No escuchó la voz de alerta. El engaño salió. Salió con fritas. Verbo en pasado. Te quise tanto. Salieron lágrimas y fritas. Nadie como vos. Vos igual a nadie. ¿Qué me importa? No escribiré mientras me alejo. No escribirá su tarde noche. Espera que te espera, ¿Qué van a saber? ¿Qué pueden saber? No me dejes, yo te dejo y la dejo en el cordón. Mejor me tomo un taxi, no vuelvo a subir a un tren. El último poema espera, ése que no escribiré.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Lo que parece...

Hablar de amor, escribir sobre el amor era una parte mía, una parte que he perdido. Ya no tengo poesías para exorcizar dolores. Siento que sobreviví a un huracán que arrasó hasta mi aliento y asesinó el cachito de fe que me quedaba. Compruebo con una incierta tristeza que no la quiero de regreso, hablo de la fe y ese sospechar en algún lugar alguien esperándome, andar atenta por la vida para no seguir de largo. Atenta voy a estar, sí, para rajar. No ha sido bueno conmigo el amor, (no sé porque debiera haberlo sido, aclaro, pero cada vez desconfío más a esa gratitud por haberlo conocido). Llegó a destiempo. No está. No existe para mi y, si bien me extraño enamorada, no quiero volver a ese estado de gracia. De gracia para el otro, claro, porque se mató de risa en mi cara.
No es la primera vez que siento esta ausencia de palabras, no es una sensación agradable comprobar que emigran, que no regresan. Las salgo a buscar pero cuelgan el cartel de “enseguida vuelvo” y, como si fueran empleadas públicas, las muy turras no regresan. No me queda otro remedio que mandarlas a la mierda. Ignorarlas como si alguna de las que me habitan me mirara de reojo y apagando un nombre en lugar de un cigarrillo en el cenicero me dijera: No te calentés. Vuelven sin aviso.
Aburrirme pareciera que me moviliza, me aburrí de mi mirada pelotudamente romántica, eso me hace andar más, intentar algún curso, viajar, visitar museos, esconderme en algún cine pero, también pareciera que estoy detenida. Quizá lo necesite para encontrar una nueva mirada en lo que escribo que no se parezca tanto a lo que siento o, una vez más, lo que parece no tiene un pito que ver con lo que es.

martes, 27 de noviembre de 2007

Cataratas del Iguazú

Tengo un lugar menos que me falta conocer: Las Cataratas del Iguazú.
Sí, mis queridos tronados, las Cataratas (del lado Argentino y Brasilero) contaron con mi presencia y con la de Flopo.

El martes pasado nos subimos a un avión y, después de una hora y cuarenta de vuelo, aterrizamos en Misiones, después cruzamos la frontera, nos hospedamos en el Hotel Turrance. Conocimos, también, la represa de Itaipu y me hice una amiga española entre caipiriñas y pileta.
Me traje todo el sol, todo el rojo de la tierra misionera, el verde de la selva, los saltos, el de las dos hermanas, el Bossetti (donde mi amiga “gallega” me dijo que debía hacer una ceremonia para capturar toda la energía y, por supuesto, fui la única que hizo el papelón recomendado, si traje más energía no lo sé, pero el papelón lo hice mientras mi hija juraba no conocerme). No me voy a poner a nombrar todos los saltos, solo les cuento que cuando llegué a Garganta del Diablo, me paralizó tanta fuerza, tanta energía, me asusté, bah. Comprobé que mi hija es menos cagona que yo, porque ella estaba chocha apoyada en la baranda, yo estaba detrás sin animarme a acercarme más. Es impresionante. Después nos subimos a un gomón, nos empapamos con esa maravillosa agua, dos veces nos metieron debajo de la catarata. No daba para gritar auxilio porque mi hija me tiraba sin el salvavidas, estoy segura. Nos bajaron en Isla San Martín, subimos como dos mil escalones (capaz que no fueron tantos, pero ya saben de mi exageración andaluza), llegamos segundas y conste que eran cuarenta personas, descubrí que Flopo le tiene fobia a los bichos y para ella (menos los pajaritos) todo era bicho, hasta las mariposas, no llegó segunda por su gran estado físico, sucede que cuando nos bajamos del gomón había una cantidad considerable de abejas, juro que no hacían nada, estaban volando como tarúpidas alrededor de los turistas, a una señora francesa casi le da un infarto, Flopo la hizo más simple, corrió a las escaleras y hasta no llegar al último escalón no paró, yo iba detrás explicándole que las abejitas eran buenas, pero parece que no me escuchaba. Cuando llegamos a la cima (¿?), nos esperaba una cuatro por cuatro para recorrer la selva misionera. Me enteré que hay una palmera palmito que está protegida porque si la cortan para comer los famosos palmitos tarda quince años en crecer. Sospecho que esta información no me servirá de nada con lo cual es una información que no olvidaré en mi vida.
También anduvimos en un trencito ecológico, y nuestros compañeros de viaje hablaban en todos los idiomas menos en cristiano. Había alemanes, oblicuos, franceses, americanos, ingleses, brasileros, italianos, si no escuché algún ruso es por mi sordera. Comimos cerca del viejo hotel y miramos con la ñata contra el vidrio el Sheraton Cataratas.
Ya estoy de vuelta con un cachito de ignorancia menos. He conocido un lugar maravilloso. Me lo merecía.

¿Las fotos? Bien, gracias. Cuando Flopo se digne tal vez cuelgue alguna. Si alguno no las conoce, pasen y vean:

http://www.iguazuargentina.com/

http://www.cuco.com.ar/cataratas_del_iguazu.htm

http://www.interhabit.com/iguazu/parque_cataratas_iguazu_99.htm

jueves, 15 de noviembre de 2007

Autor desconocido

A veces encuentro poesías que no sé quien las escribió y dicen lo que hubiera querido escribir. Poesías de otro como espejo, como testimonio de melancolías que me habitan sin permiso y pegan portazos en mi cabeza. La que sigue es una de ésas poesías.



Hubo un primer lugar donde nos encontramos

ajenos a la excusa.
Como si fueran dijes
le colgamos palabras, confesiones
y algún lúdico beso.

Hubo un primer lugar de confianza absoluta

de puertas sin visillos,
de compartir miradas
alrededor de sueños.
De bordear lo posible.


Después, nos conocimos.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Puente

Cielo gris. Puente de Brooklyn. Una pareja comparte un paraguas. Se alejan. No lo vieron. Los captura de espaldas. No lo saben, no pueden saberlo, ése momento está en mi casa colgado en la pared.
Ignoran que fueron premiados.
Eternamente estarán cruzando el puente, juntos, protegidos por un paraguas.
Él, nadie más, él es el único que pudo ver eternidad en ese momento. ¿Qué ves? Me pregunta. Magia, le digo, pero quiero decir permanencia, instante, maravilla.

lunes, 29 de octubre de 2007

Elecciones 2007

Ayer Flopo votó por primera vez. No sacamos fotos de la ceremonia pero baste saber que en la mesa 314 del colegio sito en la calle La Fuente y Tandil (Capital Federal), mi nena, debutó como ciudadana.

Como madre argentina que soy, acompañé a mi heredera que iba rezongando y preguntándose porque un amigo de ella que es más grande no está empadronado y ella sí. “Porque tu amigo no existe y vos sí”, le dije para seguir sumando a la lista de gansadas que suelo responder cuando me hace preguntas pelotudas.

Llegamos al establecimiento y, el tufo a ser humano mugriento casi me descompone. No sé porque no multan a los roñosos. No tenía un sahumerio a mano, de haberlo tenido juro que lo encendía. Otra cosa que me llamó la atención es ver como los lugares donde votan los candidatos están recién pintados y casi parecen lugares confortables. El colegio que le tocó a Flopo, se caía a pedazos. Seguro que si dentro de unos años, mi hija es candidata, lo arreglan.

Un tipo gritaba como un loco porque no lo dejaban votar. “¡Sos un pelotudo!!!” vociferaba contra el presidente de mesa. “Estas cosas solo me pasan a mi”, se quejaba buscando la solidaridad de aquellos que no tenían el placer de compartir la fila. “Con éste documento voté en la elecciones anteriores, idiota, cómo me decís que ahora no puedo???”. No sé si pudo, lo dejamos atrás buscando la mesa que nos correspondía en el primer piso que, para variar, era la que tenía más personas. Un pasillo sin ventilación, con gordas cargando bolsas de supermercado y madres que llevaban a sus hijitos para torturarlos y torturar al prójimo. Cuando faltaban ocho ciudadanas, la nena me dice: “Me siento mal”. “Dejate de joder, Flopo, falta poco” Le dije con el instinto maternal que me caracteriza. “Me siento mal, voy al baño” Y se fue. Siempre hizo lo que quiso, desde chiquita. La vieja que estaba detrás le comenta (sin que nadie pregunte) que el baño está abajo. Una de las cosas que siempre hace, también, es no darle pelota a viejas extrañas porque el baño estaba a dos metros. Cuando faltaba una señora, la veo salir con la cabeza mojada. “Ya está” me dice, y sí, ya estaba. Resistimos el tufo, el calor insoportable, (estuve a punto de descomponerme también, de puro solidaria, pero no pude). Es increíble las cosas que me aguanto cuando quiero alejarme de un lugar.

Cuando la pobre mina que recibe el documento de Flopo lo lee, pregunta: "¿Es la primera vez que votás? Ahhhhhhhh, bueno, cuando salgas te aplaudimos". Y así fue, cuando sale del cuarto oscuro, todo el mundo aplaudió a mi hija por ser su primera vez. Es mi deber de madre no decir que dijo la nena ante los aplausos.

La nena votó. Carajo, la nena está dejando de ser nena. Un cóctel de Nervo Calm, por favor. Sí, con hielo. Gracias.

jueves, 18 de octubre de 2007

Mónica

Mi credibilidad cuando quiero a una persona roza los límites de la pelotudez. Soy capaz de sostener que existen mamíferos pelados si alguien querido me lo dice; no es que no los cuestione y entre charla y mate le comente: recuerdo haber estudiado en mi tierna infancia que los mamíferos son los únicos animales con pelo y todas las especies, en mayor o menor medida lo tienen, mirá que sé que los delfines no tienen pelo pero mi señorita me explicó que lo perdieron por su adaptación al medio acuático, pero si el ser querido niega aquello que la señorita de quinto enseñó, aunque la Enciclopedia Británica le de a ella la razón, yo sostengo lo que dice el objeto de mi cariño. Paso por ignorante, claro. Por boluda, también.
Acá entra Mónica, una amiga que tuve entre los 14 y 18 años. En ese tiempo comprendí que en mis afectos existe un Triángulo de las Bermudas; cuando me engañan o me traicionan desaparecen en una zona que, si bien durante los primeros meses puede confundirse con desolación y tristeza, terminan acomodándose en una zona llamada desprecio. Aparecen cada tanto, como la serie “Los 4.400”, no provocan nada en mi, con excepción de algún relato, por ejemplo éste:

Mónica era bonita, se parecía a Graciela Alfano cuando era linda, cantaba muy bien, era divertida y sabía ser dulce con los energúmenos que nos revoloteaban por aquellos años.
Siempre tuvo novio. Yo le conocí cuatro en los cuatro años que duró mi afecto, no es un gran número, sucede que ninguna de nosotras, (me refiero a mis otras amigas), lográbamos tener uno porque Mónica afirmaba ser virgen y si Mónica podía tener novioS que la respetaran (teníamos un tanto confundido el término “respeto”), nosotras no íbamos a ser menos.
Así, con esa terquedad de creer más en Mónica que en mis hormonas, casi le corto la mano a un novio que me padeció dos semanas, porque intentó rozar una de mis inmaculadas tetas y a otro porque se atrevió a pedir “la prueba de amor”.
¡La prueba de amor, a mi!!! ¡Pervertido!!! ¡Sucio!!! ¡Atorrante!!! Gritaba como una loca, mientras Mónica se limaba las uñas y mis otras amigas estaban más horrorizadas que yo.
¿Por quién nos toman??? Gritaba Silvia, (porque quien le hacía algo a alguna, se lo hacía a todas). ¿Te quiere coger? Preguntaba Susana, desde su lenguaje poético. ¡Qué suerte que tenés, Moni!!!, murmuraba Alejandra, mientras masticaba la décima medialuna. ¡Nos tocan todos degenerados, che!, se lamentaba Graciela, intentado embocar la púa del Winco en “El tuerto y los ciegos” de Sui Generis.
Mónica no decía nada, es decir, decía pelotudeces, mientras se acomodaba la toca y me pasaba un pañuelo porque yo estaba llorando, tirada en mi cama, preguntando entre sollozos porque nos tomaban por putttttas. (Sí, marcaba la “t” con un énfasis extremo).

Un domingo, en Pinar de Rocha, un amigo que después se transformó en mi primer ex marido, me dice: ¿Mónica virgen??? Dejate de joder, nena… ¿sos su amiga o qué???
Allí comprendí lo que es ser un “o qué” de carne y hueso.

Cuando encaré a mi “o qué”, me abrazó, me juró que me lo iba a decir, que se sentía culpable, que temía ser incomprendida, que no era una atorranta, que no lo hizo para hacernos mal…

Y no, claro que no fue una atorranta, ni una puta, ni nada similar, fue una perfecta mentirosa. No la pude perdonar. Ya no podía confiar en ella; no quise volver a verla y, si hoy la saco del Triángulo de las Bermudas es a pedido de un amigo que, cuando le conté la historia se mató de risa y después me dijo: fuiste demasiado dura con Moni. Ustedes, ¿qué opinan???