viernes, 30 de marzo de 2007

Simplezas

Me gusta la lluvia.
Me gusta caminar por veredas mojadas, pisar los charcos, mirar el cielo y permitir a las gotas mojar mi cara.
Me gusta observar a la gente cuando llueve.
Los que corren; los que con su paraguas inventan epopeyas porteñas tratando de salvar o condenar a otros paraguas que protegen a personas que, quizá, necesiten ser salvadas o condenadas.
Me gusta ver a los adolescentes empapados, sin protección alguna, desafiando la tormenta como desafían a los relojes.
Me gusta el cielo gris, las nubes enojadas, la garúa que acompaña mi mirada.

martes, 27 de marzo de 2007

Calles

Camino por calles
deben tener un nombre
pero como no existo
desaparecen
bajo los pies de alguna
que insiste en habitarme.

martes, 20 de marzo de 2007

Otra vez...

No me gusta esperar. Detesto depender de horarios, de almanaques; perder en esa espera todo un tiempo donde lo maravilloso estuvo al alcance de la mano.
No puedo ser la que ya no soy.
Aquella ya no está conmigo. Me dejó una carta como despedida, solo recuerdo que intentó decirme que por esperar el tiempo en que se podría, perdí el tiempo en que se pudo.
La dejé ir.
Un ser repleto de tristezas, doctorado en melancolía y ausencias ocupa su lugar. Aburrida hasta el centro exacto del hartazgo. Cazadora cazada por su pasión. Infectada de sentimentalismo. Solidaria patética de naufragios.
Alguna vez creyó que ser feliz no era utopía.
Nació una tarde de febrero, allá por el 2005; los meses esconden claves que sólo descubre cuando ya es tarde, cuando escucha la carcajada de su propia desolación.
Se perdió en un presente que comienza a parecerse a demasiados ayeres.
Ella, que supo romper corazas con la risa, hoy se aburre de palabras, de confianzas; maldice su fragilidad y está comenzando a burlarse de aquellas dudas que, alguna vez, la motivaron y casi la ayudaron a volar.
No será salvada. Ahora lo sabe.
Espero que se aleje. Que envíe alguna carta con una clave que descifraré cuando, otra vez, sea otra.

lunes, 12 de marzo de 2007

Shunsho


“Aceptar” es la palabra que debiera regirme estos días.
Así como algunos se guían por el zodíaco o las runas, yo me aferro a palabras.
No sirve, claro.
Entones “aceptar” deja de tener sentido y se convierte en una puteada, en un dolor, en ausencia.
Dejé de visitar la casa de mi viejo cuando murió pero no puedo dejar de visitar mi casa. Entonces es imposible no recordarlo, entonces las compuertas se abren y solo miro a través de mis lágrimas.
Alguna vez me dijeron que no tenía grandes dolores.
Ahora los tengo.
No me han enseñado nada estos dolores. El dolor no enseña. El dolor marca símbolos absurdos en nosotros.
No sé refugiarme en Dios, ni en Cristo ni en San Peperino.
La muerte es una traición. Un error de fábrica. Una soberana pelotudéz.
Lo único que crece dentro de mi es rencor, bronca, fastidio.
La aceptación no rige mis horas.
Vivir cada vez me resulta más pesado, más aburrido.
Si antes pensaba que estaba de más, ahora lo compruebo.
¿Qué hago con todo este dolor?
¿Qué hago con todo el tiempo que iba a disfrutar de Shunsho y que, simplemente, desapareció?
Acepté el BASTA de mi viejo. Acepté sus años en los míos. Casi acepté su partida.
Pero no acepto la muerte de mi perro. Era casi un cachorro. Tenía alma de cachorro.
Abro la puerta de mi casa y me quiero ir.
Intento con Flopo una sonrisa, pero no me sale demasiado bien. No quiero hablar con ella sobre lo que siento porque ella debe sentir lo mismo, pero no lo dice. No quiere hablar. Respeto su silencio. Cada uno lleva la tristeza como puede.
Yo no puedo.
Por eso en este rincón, éstas palabras.
Quizá escupir lo que siento sirva. Tengo, para variar, mis serias dudas y cuando mis dudas se ponen serias, se visten de luto.

jueves, 8 de marzo de 2007

Punta del Este. (I)

Muy lindo Punta del Este. Demasiado. Da como bronca volver.
Soy de mirar paisajes, soy de respirar aire puro y disfrutar el aroma de los pinares. De bañarme en el mar mientras dialogo con el. Soy de agarrar un puñado de arena y perderme dentro de mi cabeza mientras la dejo escurrir entre mis dedos.
Pero soy más cuando me puede un abrazo, cuando me reconozco en una sonrisa, cuando comparto un cigarrillo, cuando camino junto a los que quiero.
Cuando viajé a Montevideo para escuchar a la Canoura, (http://www.lauracanoura.com.uy/blog/) cuando la abracé, cuando sentí su abrazo, no se necesitaron palabras. Cuando Paloma saltó de su silla y Luly y Lacafana me invitaron a su mesa, la clave fue la risa; la emoción; la mágica voz de Laura envolviéndonos en guiños cómplices; en mis codazos a Laca seguidos de más risas y más abrazos y, de nuevo, la risa de mi amiga desde otra mesa con su marido (viejo admirador de Laura Canoura, y verla tan cerca era cumplir un sueño), y esa otra amiga que conocí en Punta, llamada Delicia y haciéndole honor a su nombre, me abrió la puerta de su mundo y compartió conmigo días de sol y tardes de playa, contándome sus historias de Corrientes, de su pueblo Santa Lucía, acompañándome en la tristeza cuando recordaba a Shunsho; presentándome la alegría cuando nos visitó su hija y la paciencia cuando arribó su marido.
Si algo me han dejado estas vacaciones es la palabra GENEROSIDAD, así en mayúscula. .
Volví repleta de abrazos, de confesiones, de noches interminables de charla y vino con el CD de Laura como fondo y el canto de los grillos acompañando su canto.
No tengo mucho más para contar, pero alguna anécdota invadirá mi cabeza y buscará la forma de un nuevo po(u)st.
Montevideo; Punta del Este son lugares maravillosos, mirarlo en fotos no es vivirlo.
Nada es igual cuando vivimos los lugares y nos devuelve recuerdos generosos.

lunes, 5 de marzo de 2007

Oíd el ruido de rotas cadenas... (II)

Bueh, volví.
Cris o sea: http://naderias.blogspot.com/ me dejó un regalito.
Acá estoy rompiendo cadenas una vez más.

1. ¿Por qué comenzaste a escribir un blog?

Porque Patomusa y Ginger me inflaron los ovarios. Pato, no solo hizo eso sino que es la creadora oficial y artística de mi Blog. Hace mucho que no entra y, hasta que no regrese, no pienso tocarlo. Salvo que me obligue Mr. Beta. (Me acaba de amenazar con que ésta es la última vez que puedo entrar a la versión vieja). Estuve a punto de gritarle ¿Vos y cuántos más? pero, mejor guardo un respetuoso silencio.

2. ¿Sobre qué temas escribes? ¿Por qué?

Me gusta la poesía pero no vivo en poesía, con lo cual de tanto leer a buenos poetas, me animé a fingir poesía. El poeta es un fingidor, hasta finge que es dolor el dolor que de verdad siente, supo decir Fernando Pessoa. Quizá algún día sea poeta desterrando dolores.
¿Por qué? Porque exorcizo, porque me limpio, porque purifico el aire que me rodea cuando escribo.

3. Si la gente dejara de leerte y comentar, ¿seguirías escribiendo?

Occcccccccbio. Escribo desde antes que Bill Gates fuera Bill Gates. Tengo cuadernos de tapas duras llenos de garabatos con forma de palabra. Creo que los comentarios son un tema aparte. Un rincón para juntarnos y no siempre hablar sobre el post de turno.
Por ejemplo este post me sirve para llorar un poco menos. Se murió Shunsho, ésa metáfora de la caricia ya no vive conmigo. Ya no vive. Punto final de los finales.

4. ¿Crees que al escribir un blog debe seguirse algún tipo de ética?

Sí.

5. ¿Crees que formas parte de una comunidad? ¿Por qué?

No conozco a nadie que no forme parte de una comunidad.
Porque salgo muy poco.

6. ¿Tienes algún grupo cercano de blogueros con el que te podrías poner de acuerdo para lograr algo?

Tengo.

7. ¿Crees que los blogs van a cambiar/están cambiando algo en la sociedad/mundo político/etc.?

No se trata de una cuestión de fe. A las palabras hay que ayudarlas con hechos. Sospecho que a los Blogs, también.

8. ¿Qué te gustaría poder hacer dentro de la red para profundizar lo que haces con el blog y por qué? ¿Podcast/videocast, comunidades, wikis, redes sociales,etc.?

¿Wikis? ¿Qué catzo es eso? Me parece que debiera o debiese profundizar en el idioma cibernético, pero no tengo ganas. En mí, la vagancia es una adicción.

Y ahora el momento de la maldad:

Mi maldad tiene un límite: romper (además de las pelotas) cadenas.

jueves, 8 de febrero de 2007

Vacaciones

En breve me voy de vacaciones.
El viernes, me alejaré.
Voy a la casa de una amiga que vive en Punta del Este y ha prometido hacérmela conocer porque a Punta la conozco muy poco. Estuve un fin de semana largo en el siglo pasado.
Voy a encontrarme con el mar.
Con la mirada, la voz de mi amiga, con su marido, sus hijos.
Ella era mi confidente. Una de ésas amigas del alma. Nos conocimos viajando a Brasil y trabajaba cerca de mi oficina. Todos los días nos hablábamos; todos los fines de semana inventábamos algo, teatro, cine, baile, reuniones en casa de amigos o simplemente juntarnos para imaginar como sería el mañana, disfrutando el presente.
Después vino el después. Yo me fui a vivir con un señor con el cual ya no vivo. Ella se casó y se fue a Punta del Este.
No parecía tan lejos, pero lo es.
Nos hablábamos cada tanto, cada tanto nos escribíamos. En fotos la veía cada tanto. Su primer embarazo, en el segundo de mellizos. Cada tanto prometíamos juntarnos. Se cumplía cuando ella visitaba Buenos Aires, pero nunca había cruzado yo el charco.
El viernes lo cruzo.
El viernes, después de seis años sin bañarme en el mar, me zambulliré de cabeza.
Otra vez reiré con mi amiga, otra vez andaremos abrazadas por la calle. Vamos a caminar mucho. Vamos a borrar la distancia con nuestras voces. Vamos a tomar la playa por sorpresa algunas noches, con un champagne bajo del brazo. Vamos a hacer papelones. Vamos a jugar que el tiempo no pasó, porque el tiempo no cuenta cuando nos encontramos con nuestros seres queridos.
Por un tiempo no voy a pasar por acá. Por un tiempo, espero, poder relajarme, dejar los cigarrillos para después de cenar; respirar aire puro (espero no intoxicarme), la última vez que lo hice me hinché como un sapo. Alergia al aire puro debo tener. Es así, soy un bicho de ciudad, pero esta vez no te voy a extrañar Buenos Aires.
A ustedes sí.
Ustedes vienen a ser como mi patria soñada.
Amigos; cómplices, compañeros. Todos, de alguna manera, cuidándonos, conteniéndonos.
Son ese cachito de utopía que me resisto perder.
Somos parte de un mundo mejor, ésos que se quedan tan solos sin palabras.
Por eso, cada tanto visitaré mi mundo ideal.
Por eso, estaré sin estar.
Por eso, a veces, para estar con alguien... hay que irse.

lunes, 29 de enero de 2007

Confusiones

Mi entusiasmo lo derriba el tiempo, a pedradas.
No sé cuántas esquivó. No sé si seguirá con más fuerza pero menos paciencia.
No sé que es mejor.
Quiero irme, quiero regresar. La confusión es mi destino.
Igual, no pasa nada.
Mientras tanto, espero vientos sublimes que alejen cobardías y la entereza sea liberada.
En esta inmensa cárcel sin paredes, espero el milagro o la condena.
Me pregunto si sabré distinguir la diferencia.

martes, 23 de enero de 2007

Bronca.

Desierta. Sin ideas. Agobiada. Con la careta pegada por dentro, las palabras
en éxodo y los sueños despoblados.
Las ganas mutiladas, la esperanza liquida por cierre.
Demasiados años adormecida.
Noches para estallar, días para seguir.
Contradicción y bronca, pasividad que odia.
Y vos la mirás con pena, vos que derribás a patadas los miedos,
la mirás con pena.
¿No te das cuenta qué no pide que la compadezcas,
ni qué la protejas o la entiendas?
¿Cómo no te das cuenta que se esconde; que tira signos como piedras?
Que enmudece, que no mendiga nada.

martes, 16 de enero de 2007

2001, octubre.

Octubre, allá por el 2001. Las Torres Gemelas convertidas en venganza, humo y muerte. Una mujer viaja rumbo al trabajo. No leyó aquella mañana como lo hacía todas las mañanas. Sentada, ajena a la multitud que la rodea, escribe...

Los gatos brillan desde la escalera, los atrapa una mirada desde el tren.
El sol no sabe de guerras y los gatos ignoran el tren.
En algún lugar una mano firma la orden de matar; la forma de esa mano es idéntica a otra que acaricia un cuerpo de mujer.
Nada será igual a partir de ahora, sentencian algunas voces desde el poder.
Nada fue igual nunca. Nada. Ni el dolor ni la alegría, ni este frío ajeno a primavera, ni los ojos que miran gatos desde la ventanilla de un tren cualquiera, en una ciudad lejana.
Hay amenaza de guerra en el mundo y no puedo sentir ese mundo mío.
Perdida por andenes que sólo saben de regresos, ando por la vida.
No sé exorcizar esta forma de lamento. Si las palabras ayudaran, diría: tengo miedo. ¿Alguien habrá firmado y se acerca el fin?
La muerte desviste a siete vírgenes en algún paraíso musulmán.
Vivo por un fracaso de la suerte. Respiro por venganza. Fracasos y triunfos son aliados. He sido derrotada tantas veces que aprendí a vivir con nuevos comienzos, no con finales.
Vuelvo a ver el sol cuando el subte me vomita en Av. de Mayo. La Casa Rosada a mi izquierda, el Congreso allá lejos, a la derecha, indican que todo sigue en su lugar. Nos enseñaron que ése es su lugar y yo, siempre desconfiando. Además, lo que uno ve, se parece tan poco a lo que es.
¿Seré parte de alguna raza que ve lo que no existe?

miércoles, 10 de enero de 2007

Puertas

Recuerda la oficina con muchos ventanales, la oficina donde la noche solía encontrarla.
A través del cristal, un magnífico paisaje de palmeras. Atadas, como ella.
Escuchaba el paso del tren bajo el puente viejo y, a través del cristal, soñó cambiar.
Se preguntó cómo sería la vida, desde abajo, un lunes por la mañana mirando las ventanas desde el palmeral.
Lo descubrió una tarde de lluvia. Decidió no volver.
Desde abajo, las sombras de sus compañeros le causaron horror.
Asumió, en el instante que bajó las escaleras, que sería otra y no regresó.
En aquella cárcel desmedida ganaba para comprar patéticas jaulas.
Perdió su trabajo pero, cuenta esta historia desde un gran sillón. El suyo.
Me dice con voz pausada que, a veces, sólo se cierra una puerta para que enfrentemos un paredón plagado de puertas nuevas, cerradas casi todas. O no.

miércoles, 3 de enero de 2007

Oíd el ruido de rotas cadenas...

Maru o sea: http://siquieroescribirescribo.blogspot.com/ me nominó.
Desde el más profundo respeto y cordialidad sigo con la cadena, siempre desde el amor les contaré cinco cosas que nadie sabe de mi, y si las saben, se joden. Después veré a quien nomino, los insultos me los dicen en la cara, me los dicen ¿clarito???
Hoy me levanté patotera. ¿Y quéeeeeeeeeee?

Se va la primera: a los nueve años ya tenía un espíritu contrera. Fui educada en un colegio de monjas, cuyo nombre prefiero no recordar. Resulta que la cosa esa de tragar la hostia sin masticarla no me cerraba. La historia del cuerpo y la sangre de Cristo, menos. El tema es que mi viejos tenían panadería y compraban cajas de hostias para las decorar las tortas de la Primera Comunión. Resumo: tres amigas y la que escribe se morfaron toda una caja masticándolas. No, si para transgredir siempre fuimos unas intrépidas.

Se va la segunda: siguiendo con la noble institución que tuvo la tarea de desorganizar mi sabiduría, les cuento que teníamos una profesora de contabilidad que se hacía llamar Sra. Pocha. Todo lo que se imaginen de éste personaje queda chico, con lo cual no me detendré en describir al engendro. El tema es que la muy desconsiderada intentó tomarnos una prueba sorpresa para saber cuánto ignorábamos de su materia. Su error fue comentarlo en la sala de profesoras justo cuando pasaba una compañera. Sin teléfonos celulares, porque en esa época casi ni teléfonos había; haciendo un operativo comando que reíte de los Ángeles de Charlie, logramos ubicar al novio de una amiga que padecía a la Sra. Pocha tanto o más que yo. Llegamos al teléfono de dirección y le dijimos que llame y avise que se estaba incendiando la casa con la madre y el gato adentro. La prueba no la tomó. La vimos huir escaleras abajo, atropellando a la Madre Rosalía, que vendría hacer algo así como la carcelera mayor aunque ella prefería que la llamen Madre Superiora.
La próxima clase que tuvimos con la Sra. Pocha, previo discurso, dijo que no tenía pruebas pero que sabía que en ésa división había un grupo de inadaptadas. “Decinos algo que no sepamos”, pensamos.
Nos tomó la prueba y aprobamos. Algunas inadaptadas, cuando estudian, aprueban.

Se va la tercera: una vez quise matar a un hombre. Ése hombre es el padre de mi hija. El 26 de junio de 1994, el infelí, la paso a buscar cuatro horas más tarde de la hora acordada. Como Florencia lo estaba esperando con tantas ganas no lo mandé al carajo y permití que saliera. La llevó al Jardín Botánico. Con esa pelotudez que lo caracteriza en todos los actos de su vida no tuvo mejor idea que comprarle esos chiches que venden (espero que ya no los vendan más) en la puerta, que consta de dos pelotitas que giran y están unidas por un alambre que los nenes llevan en la mano y el puto juguete se mueve hacia delante haciendo la felicidad de vaya a saber que nabo. El tema es que el padre, seguramente mirando como copulaban dos cotorritas en celo y lesbianas, en lugar de mirar a Flopo que tenía seis años recién cumplidos, no se dio cuenta que la gorda se tragó un escalón y se metió el alambre del juguete en el ojo. Casi pierde el ojo. Si no lo perdió, además, no fue gracias a el. Diagnóstico: paresia de oblicuo superior del ojo izquierdo. La operaron el 23 de mayo de 1995, después de una suma de estudios y exámenes.
Una vez quise matar a un hombre. Cuando me vi parada en la puerta de una armería mirando con cariño un revólver con silenciador, decidí que era hora de visitar a una psicóloga. Ella, luego de algunas charlas, estuvo a punto de recomendarme un arma mejor, pero preferimos seguir con el tratamiento.

Se va la cuarta: generalmente lavo la ropa a las tres de la mañana. Es un lavasecarropas, no hace mucho quilombo y al despertar tengo la ropa limpia.

Se va la quinta: hasta los diez años pensé que era adoptada. Todavía lo sigo pensando, Carolina de Mónaco es mi hermana y ella no está enterada, si alguno la ve ¿le puede avisar???


Nominar, no voy a nominar a nadie porque si algo me gusta es cortar las cadenas. Si alguno quiere seguirla lo dejo en plena y absoluta libertad de hacerlo.
Buenas tardes, mucho gusto.

viernes, 29 de diciembre de 2006

Opiniones.

¿Opinión imprecisa? Las opiniones siempre son precisas, precisamente lo difícil es hallar un pasar feliz en el camino de la diversidad y nuestra propia búsqueda. Dijo él.

Las opiniones no siempre son precisas, a menudo cambian y no hablemos de las superficiales. No hay nada que se pueda modificar más rápido que una opinión. Le contesto, mientras cambio mi manera de pensar y opino lo contrario.


¡Buen año para todos los que quiero!!!

miércoles, 27 de diciembre de 2006

Nunca escribí así. Primero lo pasaba por el word, el corrector y la mar en coche.
Hoy escribo como si fuera un diario, como si vos, queridísima Chiru me empujaras porque, no hace tiempo para conocer a las personas, porque las que somos del tablón nos conocemos desde siempre y si éso tiene que ver con el tiempo, que el tiempo se recontracague en el mismo.
Siento que pocas, muy pocas cosas tienen sentido. Siento que extraño a mi viejo y no hay forma de traerlo de vuelta. Siento que las fiestas esetán bién para casi todos, pero para mi son un dolor que no comprendo, que no recuerdo. Nunca fui feliz ni en Navidad ni en Año Nuevo. Tampoco mi cumpleaños ha sido para mí una alegría.
Si lo pudiera explicar con palabras diría: siempre me sentí de más.
Cuando estaba rodeadada de gente que me quería. Sentía que me querían. Sabía que me querían, yo quería estar en otro lado. Nunca pude descubrir en que lado. Nunca lo encontré.
Estar de más era lo mío. Alejarme en algún momento antes del brindis y preguntarme, preguntar, qué carajo hacía en ése lugar.
No soy una persona desagradecida, a veces me pregunto si soy una persona.
Quiero a mi hija, la quiero porque está pero, si no hubiera tenido una hija no extrañaría nada. No soy ése tipo de mujeres que llevan la maternidad como una bendición. No me sentiría menos mujer por no tener hijos. No sé... ya les dije, estoy escribiendo como si me confesara y, tampoco creo en las confesiones. En los Ave María y los Padre Nuestro...
Escribo porque si algo nunca me abandonó son las palabras, las letras. Tal vez no tenga sentido lo que escribo, pero esta madrugada en la que me siento tan sola, tan perdida, tan de más, quería reafirmar esa sensación que no me abandona.
Aparecen amores y me creo única y siempre, siempre, siempre, me equivoqué.
Escribo como si nadie pudiera leer lo que escribo. Pero esta vez me leerán. Harta de llenar cuadernos de tapa dura que seguramente quemarán conmigo cuando muera.
Harta de mis miserias, de mis errores.
De apostar, de saber que el amor existe. Pero no para mi. No para mi.
Cuando me quieren. No quiero.
Cuando quiero no me quieren.
Cincuenta años con la mente de una de veinticinco. No sirve. No sirvo.
Ojalá pudiera decir dejo de buscar.
Abandono mi sueño.
Pero, a pesar de sentirme de más. A pesar de mi melancolía, de mi tristeza. Algo, no me pregunten qué, algo me empuja para adelante.
Pero tengo miedo.
No se dió lo que esperaba y, ya no tengo ganas de esperar. No tengo que luchar, no tengo que pelear por la persona que amo y, si debiera o debiese hacerlo a mi edad, les pido que me internen .
Quiero empezar el nuevo año sin deudas, sin mentiras y sin más boludeces.
De frente y de perfil. De atrás y de adelante yo, soy lo que soy.
No miento cuando hablo de mí.
Soy. A pesar de querer ser mejor, no me sale.
Si alguien me conoce, lo sabe.
Quiero muchísimo a la gente que me quiere y, también sé querer al que me hizo mierda, seguramentente algo me ha dado para que lo quiera, pero bueno, esto es una confesión de conventillera. Como si las conventilleras no pudieran querer y gritar su dolor.
Sí. Soy conventillera ¿Y qué?
Ojalá siguieran exisitiendo aquellos queridos conventillos y no ésta mierda en donde cada uno vive tan alejado del otro, que necesita confesarse en una pantalla.

Gracias, Chirusa. Alma de tablón. Código (porque vos sí tenés códigos) de conventillo.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

Roberto Juarroz.

Y bueno gente, se acercan las fiestas y como no puedo cambiar la realidad, cambio de conversación.
Les dejo una poesía de Roberto Juarroz:


El amor se trunca a veces
como un miembro amputado,
pero el vacío sigue haciendo sus gestos,
que tal vez alguien reciba.

Aunque el amor se vaya,
el hábito de amar se alarga siempre.
Por eso no es extraño
que si el amor retorna
sus gestos se entremezclen
con los gestos anteriores.
Y aparezcan amores
que vagan por el mundo
con gestos duplicados,
amores que parecen dos amores.

No es raro, por lo tanto,
que confundamos un amor con otro
y hasta amemos aquel que ya no está
en lugar del que está.



De nada, manga de tronados.

jueves, 14 de diciembre de 2006

Veinticinco más veinticinco


Alguna vez escuché a Serrat cantar: hace veinte años que tengo veinte años, claro ya tenía la casi certeza que veinte años no es nada, Gardel y Le Pera me lo fueron grabando en el rígido.
Hoy hace 25 años que tengo 25 años. Ya conocen de mi pasión de leer libros y extraer aquello que, sospecho, son los mejores pensamientos de los escritores que admiro. Estoy releyendo a Simone de Beauvoir, “La edad de la discreción” ella cita a otro autor, ella me dice hoy, que vuelvo a cumplir 25 años:
“Uno se endurece en partes, se pudre en otras, jamás madura”

Compré este libro el dos de junio de 1991. Recuerdo haber llevado a Florencia al teatro y a la salida, en una librería de la calle Corrientes, me estaba esperando “La mujer rota” que tiene tres novelas en una. “Monólogo” es la tercera.

En 1991, en la dedicatoria, SÍ, me dedico los libros, escribí: “Lo compré junto a Flor. Necesito encontrar una respuesta, varias respuestas. Tal vez Simone…”
Sospecho en este diciembre del 2006, que hubiera escrito lo mismo. Sigo sin madurar, sigo buscando respuestas. Quizá la vida se resuma en eso. En una búsqueda de respuestas que, a veces llegan y nos resistimos o las aceptamos.

Resistir. Me gusta esta palabra. Me recuerdo defendiendo causas alocadas y sueños imposibles. Los temporales que supe gozar y padecer, no borraron mi memoria, ni mis broncas. Las palabras sepultadas pelean por vivir y, aunque el fuego no es el mismo, tendré fuerzas para resistir.

Mi viejo no está conmigo. Ése es el dolor verdadero, su ausencia. La falta de su voz desde el otro lado del teléfono. Mi reto por no recordar mi cumpleaños y su risa diciéndome “Hombre, no recuerdo ni el mío. Ya nos juntaremos, sabes que siempre guardo algo para ti”. Este año no escucharé su voz pero, cierro los ojos, y lo sigo viendo. Quizá hay algo guardado para mí. Quizá este sea un año de respuestas. O nuevas e importantes búsquedas.

Flopo estará conmigo, ayer me quería llevar (para festejar mi año nuevo) al Golden… con una amiga de ella y su madre. También vendrá Maitena que es la otra hija que no tuve, (es la hija de mi anterior pareja). Fui su “mamastra” por diez años y, después de la separación sigo siéndolo. No me entusiasma mucho la idea de ir a ver a esos nabos, pero sus risas son un atajo a mi risa.

Hablar de mi miedo a la vejez, me libera. Todavía la odio, todavía sostengo que es una traición pero hay que cumplir más años, allí está el misterio de vivir. Si no vivimos, se acaban los años. Lo inmediato es vivir; además, como canta el Polaco Goyeneche: Vivir es cambiar en cualquier foto vieja lo verás.

Voy por más. No lo estoy viviendo con angustia, siento algo diferente dentro de mí y, como supo decir mi amado Oliverio Girondo: “¡La esperanza dispone de tantos terrenos baldíos!”


Besos agradecidos para todos.

miércoles, 6 de diciembre de 2006

Marguerite Yourcenar

Para muestra dejo un botón:


No existe más que un hombre en el mundo:
los demás no son más que un error o un triste consuelo, y el adulterio es a menudo una forma desesperada de la fidelidad.

(Clitemnestra o el crimen - Marguerite Yourcenar)

viernes, 1 de diciembre de 2006

La balanza.

Harta de mi hartazgo.
Del me voy pero me quedo.
De escuchar. De equivocarme.
De esperarme en una esquina y tomar otro camino.
De salir sin lágrimas y que me invada el llanto, al bajar del subte.
Sí, dicen que es normal. Que la depresión puede durar seis meses.
¿Qué tengo que ver con la depresión?
¿Todas las depresiones que no tuve en mi vida me tienen que agarrar ahora?
Ya tengo bastante con la Tiroiditis de Hashimoto, enfermedad que causa una reacción autoinmunológica con anticuerpos que atacan a la glándula tiroides. Mis anticuerpos no reconocen mi tiroides y la bombardean como si fuera un bicho extraño.
¡Tengo una revolución contra mi misma! ¿Esto es lo que algunos llaman “vida interior”?????
¿Pero, todas a mí? Tengo un oblicuo dentro que no me reconoce y me ataca. Me siento un jueguito de la última PlayStation.
Estoy harta de la paciencia que supe tener.
Harta de haber comprendido lo incomprensible.
De apagar el despertador con unas ganas irrefrenables de reventarlo contra la pared.
De repetir la tristeza en una ciudad que me queda grande porque a nadie busco y éste cansancio de alma emparchada con cinta scotch.
Y repito el miedo de caer desde todos los precipicios que creí perdidos.
De mirar con niebla, hablar sin ganas.
Pero también, reitero la búsqueda del empedrado de la infancia; las huellas que dejé en la arena; el primer “te quiero” de mi hija; los dedos cruzados en aquel final.
Repito las ganas de jugarme entera. De inventar un sueño. De poder llegar.
De saber que cuando tocamos fondo, hay una mano amiga que te saca a flote y te dice: “Dale, dejate de joder”.
Por eso, repito confianzas.
Porque como en una balanza, está la risa, (contraseña de los amigos), sacándole la lengua a mi dolor de barrio, a mi mirada de perra abandonada, a mi tristeza de conventillo.

martes, 28 de noviembre de 2006

Cartas sin destino

No. No me voy.
Sucede que la bomba estalló dentro de mí.
Sucede que algunas cosas se van acomodando. Como estoy acomodando viejos archivos. Cartas de amor que nunca envié a sus destinatarios y ahora me encuentran para compartirlas con Uds.
Palabras escritas, pero nunca entregadas.
Palabras, sólo palabras.


Buenos Aires, algún día de mi pasado.


Ahora sí. Ahora puedo escribirte.
Una voz desconocida dijo no tener idea de tu nuevo número. Esa voz me contó que hace seis meses abandonaste todo. Te fuiste sin decir donde. Hace apenas unos minutos se abrió el camino que te conduce a mis recuerdos.
Alguna vez te dije que para extrañar era necesario estar lejos y como estabas cerca no podía hacerlo. Te enojabas entonces y, es una pena, que no te haya amado.
Ahora puedo evocarte. En algún rincón del pasado, si es que el pasado tiene rincones eternos, seguimos juntos. Parando un taxi sobre Rivadavia; haciendo tiempo en alguna librería de Corrientes esperando el comienzo de la película elegida o arrodillados frente a frente sobre una cama, aletargando el deseo, comiéndonos con la mirada, relamiendo las ganas hasta entregarnos otra vez al ritmo, al grito, al jadeo.
Queríamos huir del después.
“Siempre es ahora” era nuestra ¿absurda? consigna.
Fuimos “siempre” por seis meses. Curiosa similitud con éstos otros seis meses, igual cantidad de tiempo, pero distinta calidad, acotarías.
Sabíamos que era imposible huir de los relojes, pero aferrarme a utopías era mi forma de no aislarme en vos.
Decirte adiós no fue fácil. Sólo necesario.
No te amé.
Te quise y esa sutil diferencia hizo que llamara esta tarde. Quería saber de vos. Deberé conformarme con los recuerdos. Con la esperanza de imaginarte bien y que tu mirada no cambie. Fuiste bueno, un hombre bueno entre tanta maldad.
Venís a mí como la primera vez.
Venís sonriendo.
Así te guardo, así.

lunes, 27 de noviembre de 2006

Me voy.

No llega. No llego. Intento una sonrisa. Camino sin rumbo. Estoy rota.
No llego. No llega. Las lágrimas no quieren dejarme. No encuentro refugio.
¿Había necesidad de partirme en dos?
Ni las palabras me liberan.
Toda la vida esperándolo. Saber que existe. Que existe en mí. Que era mejor en mí. Conocer su cara, sus gestos, su mirada, su risa. Y no conocer nada.
Mejor me voy.
Andaré visitándolos, pero necesito alejarme por un tiempo.
Tomar distancia.
Cuando llegue el olvido, espero regresar. Todavía no llega. No llego.
Gracias a todos por su cariño.

jueves, 23 de noviembre de 2006

La piba.

La piba sentada en el cordón de la vereda con las rodillas sucias y las medias caídas, sabe que el pibe no pasa pateando su tristeza porque, tal vez, es feliz. Y no sabía vestirse de amargura por la felicidad del otro.
Sabe que en algún lugar, tal vez en otra esquina, alguien la espera; pero no tiene ganas de ir.
No todavía.
Primero tiene que llorar.
Se levantó y pateó la lata, ésta vez, ella pateó la lata y se fue con la cabeza baja a juntarse con sus amigas que la recibieron sin preguntar, con un abrazo.

martes, 21 de noviembre de 2006

Pago y me voy.

¿Cuándo comprenderás?
No te necesito.
Si algo tuvimos, fue porque creí.
Sin mí no hubieras sido ni recuerdo.
No importa que te lleves lo soñado.
Si vive en cada rincón de mi casa
Y tu sombra invade madrugadas.
Te dejo las palabras.
Las dejo en tu conciencia.
“No me lastimes” fue lo primero que pedí.
Ni eso cumpliste.
Seguí engañando, engañándote.
No supe amar como aman los perros.
Amor incondicional, pedís
Y ni siquiera conocí tus sábanas
Fui una imbécil.
Buscabas una víctima
y allí estaba,
tan sola, tan triste
¿Cómo no ibas a enamorarte?

jueves, 16 de noviembre de 2006

Mi cansancio

No acierto a tu sonrisa. La víctima muda el disfraz, algo sin nombre se acerca.
No me ha sido presentado tu cansancio, no tuve la delicadeza de conocer tu hastío, sin embargo, cómo buscás el mío; con que elocuencia fingís realidades para encerrar mentiras.
Sin embargo, parecés seguro. Todas las sospechas llevan mi nombre y debo pedir permiso a todas las que he sido para seguir.
Cuando hacés algo que me conmueve hasta dejarme parada en el medio de la calle, lamentando no saber bailar, para enseñarle al mundo mi alegría, cambiás al otro día, sin aviso ni pronóstico que pueda ampararme y te alejás en un absurdo.
Tengo miedo a estallar, a veces me siento como una bomba de tiempo, después vuelve tu mirada y todo parece estar en su lugar, pero no.
Algo sin nombre se acerca. Eso que conozco, que no sé ocultar.

lunes, 13 de noviembre de 2006

Compañera

Olga Orozco me acompaña. Llevo sus palabras dentro del libro y es como caminar junto a una amiga. La soledad no puede rozarnos mientras tengamos libros que nos esperan para viajar con ellos. Hoy subimos juntas al vagón del subte. Hoy se sentó conmigo y, casi con mi voz, me dijo:


"Era alguien con quien intercambiábamos palabras como talismanes, nombres capaces de fundar infiernos y paraísos, frases vertiginosas arrancadas del fondo de fiebres y de abismos, alguien con quien a veces nos internamos en la eternidad y cuya sola sombra yo no podía rozar sin un estremecimiento. Después vi copiadas las mismas frases, aun las mías, intensas, tiernas, desesperadas, en cartas enviadas a otras mujeres, y sus cartas se vaciaron, fueron para mí como las de Anonalino: nadie había escrito nada. Babas."


Al bajar, en Estación Belgrano, cerré el libro, ella seguía a mi lado. Casi pude sentir su mano sobre mi hombro y sus ojos verdes iluminaron mi mirada. No, no había lágrimas, una extraña alianza; la convicción de sentir que compartimos algo más que palabras.

viernes, 3 de noviembre de 2006

Dibujos

En los labios pinta lunas.
Busca palabras para crecer.
Descubre claves rojas.
Funda libertades,
encadena temores,
y ríe con la simpleza del pan.
En las miradas, pinta soles.
desconfiada por instinto
ilumina al confiar.
Regala sueños
Abandona traiciones
En algún laberinto, su cuerpo
entrega un sabor que perdura
Sabiamente ignorante,
partidaria de inteligencias ajenas,
anda suelta por la vida.
Dibuja olvidos
para pintar memorias.