miércoles, 21 de diciembre de 2005

FELIZ NAVIDAD




Dejarles saludos navideños y deseos de un año nuevo lleno de dicha y felicidad alguna vez me pareció un acto estúpido. Me justificaba diciendo que eran festividades inverosímiles y, argumentaba que las vírgenes dieron a luz tan raramente en los comienzos de nuestra era como por estos días. Me la agarraba con la religión, porque ordena creer en cosas imposibles y contradictorias además de amenazar con llamas eternas al que tiene sentido común. Me gustaba decir que creía en la memoria y en los cajones azules donde se guardan, en el alma, las amistades pero, han pasado días, semanas, años y algunas amistades que guardaba ya no estan. Otras me olvidaron y las fiestas regresan siempre. Me siguen gustando poco y elijo pasarlas sin familiares. Flopo cena conmigo en Navidad y después se junta con sus amigos. En Año Nuevo viaja a Tandil. A mis viejos los llamo por teléfono y nos juntamos a cenar cualquier otro día, pero no en éstos días festivos porque no tengo auto y se complica llegar a su casa y regresar a la mía se complica más... sobre todo cuando a las 00.10 quieren acostarse y no hay un puto remís que me rescate. Con lo cual me quedo en casa. Con mi hija y con mi perro. Saludo al vecino en el balcón mientras miro los fuegos artificiales. Saludo al negro por teléfono, brindo con las estrellas y listo.

No extraño las reuniones, solo extraño el mar.

Ya no me parece un acto estúpido dejar saludos navideños pero, sepan comprender, algo de aquellos pensamientos llevo conmigo, por eso la primera imagen que habita en mi Blog es la que está más arriba.

Besos estrellados.

lunes, 19 de diciembre de 2005

ALGO

Algo que llevo dentro no escucha razones. Expulsa imposibles, disuelve palabras. Algo que no tiene nombre apunta y fulmina destinos con sombras.

Es un sonar de alarma en el alma, un ardor de alertas, un certero golpe en la mirada, un cambio en el tono de la voz lo que construye despedidas.

Entonces, dejo de ser la que descifra el idioma de las almas. Me repliego en todas las trincheras que supe construir. Disparo sospechas, fusilo lágrimas para arrinconar confianzas y proteger las ganas de soñar.

martes, 13 de diciembre de 2005

SABOR AMARGO

Su hombre habla del sabor amargo que deja la bronca.
Ella escucha, intenta comprender. Después se despiden con un beso, pero la mujer escribe en un cuaderno de tapas duras, que la acompaña por las noches: “los sabores amargos pueden anidar en la memoria; quedarse aletargados conviviendo con nosotros. Es necesario que una certeza los saque de su escondite. Es imprescindible que una traición los dirija para que nos invadan sin permiso. Puede que juguemos a ignorarlos. Puede que nos enlute la risa. No es fácil convivir con ellos pero si alguna vez logramos encerrarlos, no será imposible aislarlos otra vez. Ojalá cuentes conmigo para mostrarle a ése sabor amargo el camino de retirada. Ojalá te siga enamorando mi mirar y la simpleza de los sábados muden el sabor y, casi sin darte cuenta, recuperes la dulzura. Ojalá sigamos siendo la esperanza que llega, que alcanza.”
Tal vez entregue sus palabras. Tal vez las guarde junto a las otras, las que sólo para ella existen. No quiere imaginar finales. Que se acaben sus tiempos y las ganas de ser tiempo.
Cuando llora, suele pensar que el despertar alejados se acerca. No tiene palabras para desviar ése temor. Por eso las lágrimas. Pero él se muerde el labio y ella ríe. Comprueba con su risa que pueden seguir soñando.
Ella sabe que el futuro es un sitio lejano que los aguarda en silencio. Algo así como una mezcla de pasado con miedo más un desafío a rescatar alegrías y, no puede dejar de ir ni quiere.
Intenta alejar broncas y desterrar amarguras.
Si él la acompaña, tal vez, despertar no sea tan malo.

miércoles, 7 de diciembre de 2005

FALLIDO INTENTO DE EXORCIZAR CANSANCIOS

La escritora deshace un jazmín en una noche de verano. Esparce en el suelo los pétalos ajados. Los pisa al ritmo de antiguos rencores y no será el dolor sino la esperanza (se dice) quien abra su boca para masticar odios y algunas traiciones.
Necesita silencio y algunas lágrimas de estreno.
Otra armonía la visita desde los lugares del pasado. Otra música la empuja hacia la calle. Regresa al barrio de adoquín y de rayuelas, ha pasado tiempo desde entonces. Tiempo que no sabe de minutos ni de días. Tiempo que lleva las valijas repletas de destiempo. Ha pasado sin luces, en puntas de pie y la escritora no pudo reconocerlo, perdida en un continúo movimiento de relojes. No pudo, entonces, saberse derrotada.
Se entretiene siendo otra. La que apenas se inicia la batalla levanta un puñal y corta engaños. La escritora omite la gramática y convierte en defectos sus virtudes. Ella quiere escribir ensoñaciones, asomarse a realidades paralelas. Salta el tiempo, se acurruca en los rincones, pinta con otoños los balcones y esconde primaveras en su cama. Salta el tiempo y llega al final de los finales. Guarda en el ambiente anticipos de tormenta y el viento le regala su canto en las alturas.

A lo lejos, las Diosas fuman los destinos...

jueves, 1 de diciembre de 2005

EL MARGEN

Descalza camino por los márgenes de tu vida.
A veces es una danza que bailás en mi cintura. A veces me deslizo en puntas de pie para que sólo percibas mi esencia y sigas con tu círculo y tus broncas.
Caminar en el margen es inaugurar la madrugada en tu persona, alejarme de antiguos ritos, anotar en la piel los regresos.
El margen de tu vida limita con la orilla de tu alma; no es raro, entonces, desenterrar en tus ojos el brillo de la infancia y descubrir en tus silencios al que querés dejar atrás.
Pero a veces me pregunto si mis palabras son mensajes gastados, botellas tiradas al mar que no siempre llegan.
En días como estos regreso del margen ensimismada y sospecho que lo mejor es mirar los parques tristes del camino de regreso. Las nubes silenciosas y rojas de deseo, esas cosas que de repente nos rodean pero nos abandonan.

lunes, 28 de noviembre de 2005

NOS ENSEÑAN

Nos dicen como amar, para evitar tormento y fuego. Nos muestran que su amor es conquista. Aprender a herir: dominar siempre. Fingir: un arte, una estrategia.
Nos enseñan a dar limosnas. Nos ahorcan la inocencia. Nos matan la ternura. Nos rompen el deseo. Nos condenan a ser miedosamente buenos. Sobrevivientes sin conciencia.
Nos resignamos a un amor sin vuelo. A las costumbres heredadas. A los sueldos miserables. A dejarnos pisar sin contestarles.
Nos enseñan a ser hipócritas. A etiquetar. A separarnos. A ser inconstantes. A mirarnos de costado. Defensores de lo oxidado.
A no insultar. A no sentir. A conformarnos con sueños descartables.

Pero olvidan algo: sobrevive la impertinencia de la sangre que nos mueve. La flor del futuro que se abre. La estrella que llevamos en la frente. La necesidad de besos y de abrazos. Las ganas de seguir y patear miedos.
Entonces, los que mal enseñan, los doctorados en acomodos, los que piensan que el cielo es sólo de ellos, sacan sus libros, sus evidencias, sus ideas, sus sotanas, sus apellidos, sus fantoches, sus putas, sus periodistas, sus clones, sus billetes, su petróleo, sus tradiciones, su cobardía, sus asesinos, sus mentiras y nosotros ¿Qué hacemos? ¿Perdonamos?

viernes, 25 de noviembre de 2005

PENAS

Hay una pena que no cuenta. La acompaña hasta en la risa y no necesita pretexto en el llanto.
No comenta de ella a sus amigos, y la clausura ante conocidos. Pero la pena se instala en el centro de su pecho. A veces la mezcla en algún suspiro. A veces la libera en una puteada.
Pero regresa. Encoge su alma, retira la esperanza y se ríe de los sueños.
No vale que la cuente cuando no puede ocultarla más. No sirve que emigre hasta su boca transformada en duda. El siempre encuentra la forma de sepultarla por un rato. La mima con ayeres. La calma con algo parecido a futuro. Y por un momento descansa, o se cansa, vaya uno a saber...
Pero la pena no se aleja. Simula abandonarla para que ella pueda dormir en sus brazos y la envuelva el perfume a maderas, a llegada, a hogar.
Al despertar, regresa sin su permiso, pega portazos en los pasillos de su mente. Le dice que tal vez exista otra, le murmura que su cuerpo la ha visitado.
Hay días que no sabe que hacer con esa pena, que es como decir que no sabe que hacer con ella misma.
“Ojalá encuentre las palabras y los gestos que logren silenciarla” Se dice.
“Ojalá la pierdas en un camino sin regreso”. Le escribo.
No sirve para compartirlo, por eso la pena que no cuenta le pesa tanto, y ya no quiere cargarla.
Si al menos él la ayudara a tirar abajo los miedos.
Si la ayudara a dejar de pedir ayuda...

miércoles, 23 de noviembre de 2005

SIN SALIDA

No puedo garantizar que la compañera de voces alegres y disparatadas, encuentre la salida desde esta mujer en la que me he convertido. No sé, en verdad, si hay un querer hallar la salida.
Aquella insurgente, con la palabra siempre alerta, se aburre en los arrabales de esta piel que envejece sin permiso.
La he llamado de mil maneras: con canciones, con gritos, con susurros pero regresar no está en sus planes
¿Se cierra con ella el misterio de mis dudas desnudas, junto a ignorancias bien organizadas y las ganas de tener ganas?
Esconde la clave. Desteje palabras.
Guardó mis ojos con luz de luna. En un cajón archivó el insomnio y me dejó sin historias.
Mi mañana murió en algún pasado imperfecto. Poco queda del intento de tantas horas escondidas detrás de la palabra.
He perdido su dirección y, casi puedo asegurar, su nombre no me pertenece.

viernes, 18 de noviembre de 2005

HOMENAJE A HUGO SOTO


Cartas que vienen y van.

Estar muerto es igual a los últimos días.
La vista me abandonó antes que los recuerdos. El día que no pude levantarme supe que era el fin y me sentí ligero.
Los cuadros quedarán inacabados.
Dejaron de llamarme, me di por muerto cuando sentí el asco de los que trabajaban conmigo y consideraba amigos.
Ahora estoy muerto, sí, bien muerto. Ya dije que no es tan distinto a aquello.
Puedo tomar una mano que no es mía y hacer que escriba estas palabras. Esta carta que va sin remitente. Ya no es una botella tirada al mar. Sólo palabras, palabras rotas como se rompió mi cuerpo. Ya no duele el desprecio; yo no pude partir con rencor.
La enfermedad, mi soledad de siempre, esos otros amigos de los cuales nada esperaba. Fueron ellos los que besaron mis ojos, los que apretaron mi mano. Después me llevaron lejos, la familia, ya saben.
Ahora, a veces, la visito a ella.
Dejó de pintar cuando me fui. Todavía no sabe que jamás dejará de hacerlo.
Cartas que vienen y van.
Cartas que nunca vinieron y que me hubieran hecho bien.
Puedo comprender el miedo, yo lo tuve. Puedo decir que comprendo desprecios y temores.
Sobra el tiempo para pensar ahora que soy una tumba. Una lápida con mis dos fechas y mi nombre. ¿Pensaron que todos llevamos esas dos fechas en la frente?
Quise, en mi pintura, dejar lo mejor y lo peor de mí.
Quise que pudieran comprender mi dolor, mi soledad, las escasas alegrías.
Sin embargo de mis cuadros casi ni hablan.
Me recuerdan por las películas. Algunos ni saben que he muerto. "¿Cómo qué murió?, ¿Cuándo?", le preguntan a ella cuando comenta "Últimas imágenes del naufragio", entonces me mira, ella no sabe que estoy a su lado, ella no sabe que me mira.
Cartas que vienen y van.
Ya no importa.
Por las noches la soledad es menor.
Ella debe dormir y yo, debo vagar.
Me voy. Cuando dijeron que había muerto, pude ver otra vez.
No es tan malo después de todo. Además, no hay otro sitio donde ir.
Me asombra que esta mano continúe escribiendo la carta, me vio una sola vez.
Ya ven, tampoco en este lado se pierde el asombro.

miércoles, 16 de noviembre de 2005

REGRESOS NO DESEADOS

Aclaración: lo que sigue a continuación le sucedió (o le debió suceder) hace tiempo a una de las que fui y, por suerte, ésa no regresó. Ahora sí, pasen y lean:

Nunca en mis sueños un amigo me nombra. Dijiste, mientras apagabas el cigarrillo, No te pongas melodramático y, no robés que eso es de Víctor Hugo, te contesté, tratando de hacerte sonreír, pero últimamente todo lo que digo logra el efecto contrario. Con vos no se puede hablar en serio, contestaste y te fuiste, dejándome sentada en el viejo café. Te veo partir, no sin antes atropellar a un mozo, con bandeja incluida. Una típica salida tuya, ruidosa y absurda.
Pero la tarde es azul, hay sol, hay brisa. Me quedo mirando por la ventana como cruzás la calle. El tiempo no ha sido piadoso con vos. No conservás casi ningún gesto de la juventud y tu andar pesado, tu cuerpo casi deforme te hace caminar como un viejo. Sos un viejo. La naturaleza carece no sólo de buen gusto, también perdió la caridad.
Recuerdo que cuando te conocí no lo noté. Sí me lo señaló Adela cuando los presenté: Es tu abuelo, el señor? Me dijo al oído, conteniendo la carcajada. Después le dije que era cruel, puede ser, pero no ciega, agregó.
Estás en la vereda de enfrente, esperando un taxi o que salga a buscarte. Será un misterio que nunca develaré. Prefiero quedarme en la mesa. Verte de lejos, como siempre debiste estar. Lejos.
El mozo se acerca, le pido otra cerveza. El mozo me mira y sonríe. Segundo misterio del día. Seguís, patéticamente, parado en la otra vereda. Más allá del cristal; siempre del otro lado. No recuerdo si alguna vez caminamos juntos por algún lugar, quiero decir, verdaderamente juntos. Cuando comenzamos a salir, me agarrabas del brazo porque yo prefería adelantarme. Quizá eso fue un mensaje que no supe leer. Cómo tantos otros que dejé pasar con vos. Prefería fingir y decir que todo estaba bien. Como ahora, que veo como todo se esfuma y pido otra cerveza para festejar. Para festejar, ¿qué?
Que vos envejeciste, que lo nuestro no da para más, que yo también envejezco y qué la soledad y que el miedo... ¿Qué tengo que festejar?
Y vos también debés sentirte solo, sino por qué la frase de Víctor Hugo, por qué ese levantarte y salir del bar corriendo. Corriendo es un decir, claro. Pero, ¿ves? Ese sí fue un gesto de tu juventud, debió haber sido un gesto de tu juventud. Alguna vez te habrás levantado de cualquier mesa para salir corriendo, dejando atrás a una mujer que no soportabas. Como no me soportás a mí. Claro que yo tampoco te soporto, pero yo casi no soporto a nadie; eso no es ninguna novedad. Por eso el miedo a la soledad, (¿qué miedo?), si estoy brindando bajo la sonrisa cómplice del mozo. Si tener la certeza de no verte más despierta en mí un alivio casi placentero.
Seguís en la vereda de enfrente. Estás esperando algo que no es un taxi. A mí o a otra persona. Otra persona no estaría mal. Alguien que escuche tus ronquidos, que soporte tu aliento y ese olor a viejo. Otra que escuche tus maravillosas recetas de cocina, que te acompañe a jugar, ¿jugar? golf. Otra que se maraville de tu orden y de tu erudición de índice de materias.
Pero no, no viene ninguna. Volvés, estás bajando la cabeza y volvés. No lo puedo creer. Estás volviendo. Suspiro resignada. No, si la resignación va a terminar siendo una de las formas de la felicidad, nomás.
Te miro sin decir nada. Te sentás. El mozo al que le tiraste la bandeja te mira con cierto rencor. Como te decía, en realidad, como decía Víctor Hugo, nunca en mis sueños un amigo me nombra...

martes, 15 de noviembre de 2005

FOTOS

El político habla. Dice que no renunciará. Aplausos. No puedo evitar preguntarme de quién serán esas manos que aplauden. No importa. Al político lo suspendieron. Importa.
Afuera, hay personas que se abrazan. Que lloran. Que golpean vallas.
Me quedo con una. Me quedo en una. Está arrodillada. Limpia la foto del hijo que ya no está con un pañuelo. Habla con la imagen, apoya su cara en la cara que jamás volverá a ver.
Otra vez el político habla. Apago el televisor.
Sobran las palabras.

jueves, 10 de noviembre de 2005

SILVIO

Una amiga me dice que la música de Silvio se congeló en la macdonalización posmoderna. Me dice, mientras apaga el cigarrillo, que ya no se sabe de donde viene ni para quien canta. La miro. Me mira. Le digo que no. Que la poesía de Silvio no se ha congelado. Poco importa de dónde viene porque es una parte de nuestras vidas, de la de tantos que lo descubren sin darse cuenta cuando un “ojalá pase algo” los invade como un rezo.
Mientras cante tu amor, intentando atrapar, las palabras que digan lo demás o una mujer con sombrero nos haga llorar y un perro le ladre a la luna.
Mientras gastes papel en recordar a alguien y te haga hablar en el silencio. O pierdas un sueño azul en una lapicera.
Mientras no quieras ser la paridora pagada con pan o cuando encuentres sillas peligrosas que te inviten a parar.
Cuando ames a pesar de estar muerta y, al día siguiente además.
Cuando el teléfono insista en coleccionar absurdos y, una imagen te llegue a las seis menos diez y no puedas dormir ni un instante después.
Cuando te preguntes que tipo de adjetivos se deben usar para hacer un poema de un barco.
En fin, cuando sientas que tu amor abre pecho a la muerte y despeña su suerte por un tiempo mejor, cuando todo esto suceda, la poesía de Silvio Rodríguez estará en tu cabeza y, lo más importante, en tu corazón, en ese territorio donde las banderas no existen.
Conclusión, terminamos escuchando “La maza” y cantando con él a los gritos: “Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera. Qué cosa fuera la maza sin cantera”.

viernes, 4 de noviembre de 2005

¿Cómo?

Como si pudiera empezar otra vez.
Como si hubieras estado esperándome para caminar juntos.
Como si la eternidad nos hubiera otorgado una existencia fuera del tiempo
Como si la sangre se resistiera al abandono sepia de los días
Como si estas ganas no fueran aquellas primitivas ganas.
Como si no importara lo urgente.
Como si te hubiera nombrado desde la suma de siglos que no recuerdo
Como si pudieras ser el soñado.
Como si hubiera sido tuya desde antes.
Como si mis ojos pudieran mirar tu alma.
Como si gobernara tus sueños.
Como si la ausencia fuera la clave.
Como si todavía existiera un todavía.

miércoles, 2 de noviembre de 2005

Pido gancho II

Quisiera estar sentada en el cordón de la vereda del barrio de la infancia. El vestido azul, las rodillas sucias, las medias caídas.
Quisiera saludarte con los ojos, mientras mis amigas me miran cómplices y vos acariciás mi cabeza como si fuera un perro.
Seguís de largo, con los libros bajo el brazo. La barra de “los grandes” te espera en la esquina.
Quisiera regresar para mirarte mejor y recordar tu cara.
Ahora que el tiempo ha pasado, solo vuelve la nostalgia de saber que la hora de verte se acercaba junto con el olor a tierra mojada y pasto recién cortado.
Sólo eso ha quedado, una sensación, un aroma.

lunes, 31 de octubre de 2005

Pido gancho.

Requiero la presencia de la piba que fui.
La dejé sentada en el cordón de la vereda, en un barrio de San Martín, esperando su turno para jugar a la rayuela y llegar al cielo.
Reclamo la tierra de mi niñez, la vieja parra, los zoquetes caídos.
Pido por aquellos barriletes que remontamos juntas.
Busco el olor a pinturitas y chicle del colegio.
Ansío el tiempo en que fui inmortal.

miércoles, 26 de octubre de 2005

ADULTOS

Uniformada de apretones, ¿Dónde los sigo?.
Tan ausentes, tan distantes, ¿Dónde vamos?
Incapaces de responder una sonrisa. Resignando asombros; ignorando miradas, capaces de no distinguir nuestro reflejo.
Vamos corriendo por calles, nos zambullimos dentro de las bocas del subte para empujar, para ocupar un asiento, para llegar.
Sin vernos, sin oírnos. Contando los minutos, restando posibilidades.
Absolutamente ciegos. Decididamente sordos. Patéticamente adultos.

lunes, 24 de octubre de 2005

CATARSIS o PURIFICACIÓN DE LOS SENTIMIENTOS

Podrida. Enteramente PODRIDA.

El hedor me sale por los ojos, por las orejas, por el coxis.

Podrida de los ex y de los pro.

Podrida de respuestas que reventaron dentro, formando carroña que invade mis venas, mi bilis, mi lengua de mejormecallo y mañanaselodigo.

De justificar. De vivir justificando actitudes ajenas.

Plenamente podrida de las caras de bacalao, de las de perro en celo.

Podrida de horarios y horóscopos; de hisopos y lipotimia.

TAN PODRIDA pero, TAN PODRIDA de los colectivos; los colegiados; los coleccionistas de votos vetados por la inteligencia.

Podrida de los espejos, los espejismos; las esperanzas y las esperas. De las manzanas, de las veredas rotas; de los retos y los rezos.

De los "duros" con cerebro de durazno y neuronas de carozo.

Podrida de los que me pisan, de los que me pasan; de los que me pesan con esa pesadez de no ser más que mercurio con arterias.

Podrida de las prohibiciones, las discriminaciones; las contabilidades contabilizadas para los unos. De ministros mimetizados en mímicas minadas para los otros.

Si la putrefacción le quita el sueño. lo invito a expandir aromas, descomposturas, blasfemias y escupir a los perfumados de soberbia, de opulencia, de oportunismo.

Escupirlos. Derribarlos a escupitajos. Inmovilizarlos con baba pestífera. Ahogarlos en su única reforma: LA PESTILENCIA.

martes, 18 de octubre de 2005

Los miedos.


Es tan fácil ser y no ser al mismo tiempo.

Tan fácil como quedar bailando sola. Como apagar la luz. Como el inicio, como el final.
Mientras tanto, vivo.
Intento patear miedos y, cuando lo consigo, viene la inexorable pregunta: ¿Para qué?
Si los miedos invierten el disfraz y atacan con otra cara, con otra voz.

Los miedos y nosotros, los miedosos de siempre.

jueves, 13 de octubre de 2005

INVENTAR

Inventar que invento tiempo sin preguntas ni antecedentes que se anteponen, ante todo, a nosotros mismos.

Inventar que invento un viento que limpie recuerdos regastados que ya ni para recuerdos sirven.

Inventar que invento un “Final Feliz” para los repetidos sobornos de cada día, disfrazados de sueldo que suelda mi suerte echada al archivo.

Inventar que invento otra forma de ver donde no necesite abrir los ojos.

Inventar que invento el amor perdido para ya no perder al amor.

Inventar que invento ganas, tan solo, de tener ganas de seguir inventando.

martes, 11 de octubre de 2005

A veces

A veces escribo.
A veces estos signos que permiten formar palabras son mis compañeros. Lo saben todo de mí, desconozco bastante de ellos pero, para empezar, debiera alcanzar.
Sí. Tengo Blog ¿Y qué?
Vamos a ver que sale. Cuento con Uds. mis queridos tronados y, con el martillo bolita por si entra algún esquenún.
Aviso: Si la casa les gusta, es mérito de PatoMusa que logró convencerme para iniciar esta aventura y me dio una mano para que se sientan cómodos en este lugar. Ginger también me dio un empujón, casi me reviento contra el piso por el impulso, pero no: soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie y acá estoy, dándole la razón a una señora novelista, austríaca para más datos. Es una pena que nunca estuviera entre nosotros, nació en 1830 y falleció en 1916, porque me hubiera gustado ser su amiga. Se llamó Marie Von Ebner Eschenbach y supo decir: "Cuando llega el tiempo en que se podría, ha pasado el tiempo en que se pudo."
La mayoría sabe que no tengo problema con que el tiempo pase, lo que me revienta es que me arrugue, entonces cuando leí a Marie me dije: ¡Quiero mi Blog!.
No es que no me importe más El Refugio, es que el tiempo pasa y, a veces, me quedé con ganas de decir cosas por no tener un lugar sólo para mí. Esperar me desespera.
Ahora tengo mi lugar, veremos qué hago.
¿Me acompañan???

miércoles, 24 de agosto de 2005

Relojes y Tristezas

Ella vivía cinco minutos antes. Sabía lo que sucedería y sus días estaban colmados de aciertos y aburrimiento. Nada ni nadie lograba inquietarla.
Pero una tarde, mientras buscaba en la mesa de saldos de una librería, el libro que seguro encontraría, se cruzó con un hombre. Uno especial, capaz de inventar un alfabeto de caricias.

Él vivía con cinco minutos de atraso. Sus horas estaban colmadas de melancolía, de pérdidas duplicadas; lo había dejado una mujer que no era especial, ni hermosa, ni suya. Estaba harto de sí mismo y de voces en el teléfono reclamando aquello que no podía dar.
Ella lo percibió. Él la miró y la dejó pasar. Por primera vez ella no esperaba a alguien y él no imaginó perderla.
¿Comenzaban a vivir sin darle importancia al tiempo?
Ella aprendió a intuir y él, a sorprender.
La incertidumbre nació cuando ella quiso acercarse más y, al no conocer la respuesta, no se atrevió a confesar cuanto lo necesitaba. Él sospechaba que algo debía suceder pero no arriesgó mirar detrás, por temor a demorarse.
Entonces, entre lo que no sabían ganar y lo que no imaginaron perder, confundieron los momentos. El futuro los esperaba en silencio, pero ellos lo aturdieron con miedos.
Tarde se dieron cuenta que la mejor arma contra el amor es el destiempo, porque suele asesinarlo en los arrabales del destino y lo deja tirado ahí hasta que lo incendia la tristeza.
En aquel momento, cayeron apuñalados por los relojes.

miércoles, 17 de agosto de 2005

Signos

Soy una mujer resorte, con infinitas vueltas y subvueltas.
Capaz de estirarme hasta la estratosfera o aplastarme como papel carta vía aérea.
Convivir conmigo misma no es fácil.
Sobre todo cuando me da por rebotar de un afecto a otro.

Pero no puedo, no soporto amortiguarme en alguien.
En vano gasto saliva y sapiencia tratando de explicar mis instintos de alambre de púa, mis pensamientos en espiral.
A las mujeres resorte nadie las comprende. Ni los que tienen alma de colchón.
Me enredo en espasmódicas palabras regastadas.
Me crucifico en los cruces peatonales y te miro con ojos de semáforo.
"No entiendo", decís mientras la luz verde da paso y pasan geometrías de fragancias que fraguaron en tu nombre.
"Lo de siempre" contesto, y te dejo entre signos de pregunta sin respuesta.

jueves, 7 de julio de 2005

¿Será Varón? ¿Será Mujer?

En algún filme Subiela sostiene que se muere cuando se dejan de pronunciar determinadas palabras, (¿o era al revés, cuándo pronunciábamos la palabra equivocada?) ¿Importa que fuera de una u otra forma? Se refiere a las pequeñas muertes cotidianas, a ésas que nos van marcando y nos avisan que no somos inmortales. Moriremos mañana. Siempre moriremos mañana.

En algún filme Subiela sostiene que se muere cuando se dejan de pronunciar determinadas palabras, (¿o era al revés, cuándo pronunciábamos la palabra equivocada?) ¿Importa que fuera de una u otra forma? Se refiere a las pequeñas muertes cotidianas, a ésas que nos van marcando y nos avisan que no somos inmortales. Moriremos mañana. Siempre moriremos mañana.

A veces me pregunto porque nombrarte provoca temor.(Hacer cuernitos con los dedos es una forma de disfrazarlo, pero el miedo ya se instaló en nosotros)

¿Por qué desconocemos todo relacionado con vos? ¿Sos hombre? ¿Sos mujer? ¿Me estás mirando mientras te escribo o preferís seguir de largo? Me asusta la sospecha de poder seguir sintiendo una vez que me vengas a buscar. Pasar entre los que nos quieren o nos odian y ser ignorados. Gritar y que nadie escuche. ¡Bah! A veces no es necesario estar muerto para sentirse así y, tal vez, esa sensación sea un ensayo. ¿Ensayamos en vida para nuestro paso (¿será un paso, un salto, una caída?) al otro lado? ¿Existirá un lugar, un cielo, un sitio sagrado? ¿Será cómo cuándo nos desprendemos de nosotros mismos al dormir?

Mi abuela le pidió a mi madre que le sujetara la mano porque se estaba cayendo en un pozo. Después murió. Cuando mamá lo contó no pude evitar el escalofrío y la pregunta estúpida: ¿Te dijo si vio una luz? No, no le dijo.

¿Existen los pactos con fuerzas del más allá? ¿Existen pócimas que garanticen la eterna juventud? ¿Está este tema relacionado con Ud. Sra. (para mí y para muchos más sos mujer) Muerte?

No estaría mal una respuesta. Que no sea dramática, por favor. Yo insisto en pensar que lo deprimente de irnos es como nos vamos y los horarios, claro. Algunos, me parece, ni se enteran que pasaron para el otro lado. Otros sufren demasiado. No sé de karmas. Me seguís despertando un respeto demasiado parecido al miedo y, a veces , escribir sirve para exorcizarlo. Este no ha sido el caso pero quisiera saber que piensan en El Refugio. Espero respuestas.

jueves, 23 de junio de 2005

Esquinas

En aquella esquina me estás esperando. Con tu risa y tus ojos atentos. Con tu apuesta a mí. Con la certeza de verme cruzar la avenida. Dejando atrás al otro que en otra esquina espera.

Me pediste que elija y elegí.
En las calles de mi vida los tuve en dos esquinas a una misma hora. Cuando las diosas me concedan la repetición de aquella tarde, no me verás llegar cruzando la avenida, tampoco el otro sonreirá porque me acerco.
Los dejaré en las esquinas, esperando lo que nunca llega, porque ya fue. Yo los quería a los dos, ustedes sólo querían una y ninguno de los tres ganó.

jueves, 24 de marzo de 2005

Señorita Alicia

No. No me levanto con el pie izquierdo. ¡No!
Vamos a ver, soy zurda desde mi más tierna infancia; ¿Debo vencer esta costumbre izquierdista? Después de todo: las ideologías han muerto pero la ignorancia resiste.

Lo sé. Lo sé muy bien, lo he leído: "La superstición trae mala suerte". Pero hoy, el primer pie que apoye al bajar de mi cama será el derecho. ¡Basta de pertenecer a las minorías!!!

Ya está. Acabo de pisar con el pie de la decisión, la voluntad y la justicia. Todo eso en una sola extremidad; mientras que, en la otra, en la que me corresponde por nacimiento se apoya lo siniestro, lo torcido.

¡Venir a darme cuenta hoy, ahora, que mi poca fortuna, mi falta de suerte se debe pura y exclusivamente a mi pie izquierdo! ¡Descubrir que la naturaleza se ha equivocado!!! ¿Por qué no me hizo con dos pies derechos?

Y la mano... ¿Qué hago con mi mano???

¡Cuánta razón tenía la Srta. Alicia!. Ella me corría por todo el Jardín de Infantes con la certeza que un buen reglazo dado a tiempo corregiría mi destino; amén de contribuir a la organización legítima del cosmos. ¿Y yo, qué hacía yo en lugar de acatar sus sabios métodos pedagógicos? ¿Qué hacía al ser alcanzada por tan iluminada maestra?. En lugar de reverenciar y acogerme a la obediencia debida, esquivaba los reglazos y corría a esconderme debajo del escenario, hasta que me rescataba Doña Rosa, la portera.

Allí debió comenzar mi calvario. Defender lo indefendible es algo así como un sino, una fatalidad. Estar siempre del lado de los perdedores por vocación.

Ahora descubro que hay un responsable. ¡Qué digo uno! ¡Dos responsables! ¡Mi pie y mi mano, ambos izquierdos!!!

Por eso, creo que rescatar del basural de mi memoria a la Srta. Alicia es un acto de sensatez, de entereza, de honestidad, acorde al tiempo histórico que nos toca vivir.

¿Por qué no la comprendí hace 30 años? Si en vez de ser yo hubiera sido, al menos, otra. Mi buena suerte no aparece porque le correspondía a la que debí ser, no a la que soy.

Esos caprichos de la niñez. ¡Ese querer demostrar que una es una y no otra! ¡Esa obstinación, desde chiquita, a ser yo!

Pero hoy todo comienza a ser distinto. Mi marido acaba de cerrar la puerta. Se llevó toda su ropa. Algo me dice (intuición espiritual real, ¿pero intelectual emotiva o volitiva?), que esposo me deja pero, para ser franca, para hablar con la verdad absoluta: es este acontecimiento el que me da la seguridad que bajar con el pie derecho tiene sus ventajas.

Perdón Srta. Alicia. Gracias querido.

viernes, 4 de marzo de 2005

Una Sin Ganas

Una mezcla los sueños. Inventa esperanzas. Remienda fracasos. Asesina traiciones. Disfraza dolores. Desata alegrías.

Defiende la risa. Enseña las lágrimas.
Una puede desconfiar; ocultar sus dudas; caminar sin rumbo siguiendo el instinto. Una sabe que oscurece con mentiras. Una puede hacer tantas cosas, decir tantas otras, pero cuando la pesadez llega, cuando bordeamos fracasos, una debiera poder marcharse sin recuerdos. Cortar ataduras imaginadas y jugar a los dados con la soledad.